Interlink Headline News Nº 5296 del Viernes 31 de Julio de 2009

EDITORIAL AMANDLA! AWETHU! SHOSHOLAZA & NKOSI SIKELEL GENIO Y FIGURA DE MANDELA. Cuarta y última parte
46664 fue el nombre que tuvo como prisionero durante 18 de los 27 años en penosas condiciones en la isla de Robben.
Un equipo, un país
Aunque la narrativa de ese 24 de Junio imborrable iniciado invariablemente por Mandela a las 4 y media de la mañana y terminado, mientras todo Sudáfrica festejaba, a las 10 de la noche con Mandela en la cama mientras la ciudadanía blanca & era explotaba de júbilo en las calles, parece melosa y exagerada, y aunque no haya posibilidad de confirmar diálogos y símbolos, lo cierto es que cuando Mandela -un negro xhosa, durante décadas el negro más odiado y temido por los blancos de Sudáfrica- emergió -después de haber aleccionado en los vestuarios a los jugadores- en el estadio embutido en la camiseta verde y oro de los Springboks, y con una gorra del equipo, el liberador de los oprimidos negros haciendo ostentación de los colores que habían sido el símbolo de sus carceleros, el milagro estaba terminando de consumarse.
El lema “Un equipo, un país” genial slogan que se sumaba a las consignas mas abarcadoras del Congreso Nacional Africano en vez del “un colono una bala” de la radicalizada CNA que en las elecciones de 1994 sólo sacaría un 1% de los votos, formó parte de una serie de azares y necesidades puntuadas por hechos como: el destierro progresivo del himno nacional boer Die Stem y su sustitución por una simbiosis del Nkosi Sikelele xhosa con otros versos en otros cuatro idiomas, zulú, Sesotho, Afrikáans e Inglésr, la creación de una nueva bandera, la enseñanza del Nkosi Sikelel a los Springboks en inverosímiles ensayos a cargo de Anne Munnik, una inglesa que hablaba xhosa a la perfección, y sobretodo la canción negra Shosholoza cantada por los 62.000 espectadores dos veces sumada a la increíble pasada de un Boeing 747 a 60 metros de altura, conformando una mutación simbólica potente y conversora.
La tesis del envenenamiento
Los Boks ganaron probablemente por el toque mágico de Mandela, pero el partido en si fue una penuria, un Via Crucis inacabable: trabado, durísimo, como si el campo fuera una trinchera. La tortura se alargó con la prórroga. Pero finalmente se consiguió la victoria, una auténtica epifanía que consiguió unir al país entero. Mandela y Pienaar fueron dioses esa tarde, y Stransky el héroe, clave en la victoria con su drop in extremis. La catarsis y la transformación total de un país en una noche.
El cuento de hadas llega hasta cierto punto y las versiones conspiracionistas -compartidas por el principal guardaespaldas blanco de Mandela One Step Behind Mandela, the Story of Rory Steyn tal como las registró en su autobiografía- no tardan en alzarse para denostar la narrativa de final feliz de Carlin (recordándonos el famoso triunfo de Argentina contra Perú por 6 a 0 siempre sospechado de pago previo en el Campeonatod e Futboil de 1982) insistiendo en que los All Blacks habían sido envenenados por una tal Suzie un par de días antes de la final.
También hay quienes insisten que si la presidencia de Mandela fue juiciosa (olvidándose de que ayudó modestamente a fundar una nación) las de sus sucesores M’Beki y Jacob Zuma, un personaje bastante estrambótico, al estilo de Hugo ChávezOne Step Behind Mandela, the Story of Rory Steyn, que tiene 8 mujeres y un largo historial de sombras legales, no parecería que fuera a mejorar las cosas, más bien al contrario.
Relativizando a Mandela
Retando a Carlin, hay quienes insisten en que la Sudáfrica democrática y que no discrimina a nadie por el color de su piel, la que vivió bajo los gobiernos de De Klerk y de Mandela, ha ido cediendo paso a otra más beligerante y antagónica, la de M’Beki y Zuma.
Tal vez el ‘milagro sudafricano’ habrìa sido tan sólo el sistema de un hombre carismático que arrastró con él a millones de personas. Un sistema que probablemente desaparecerá cuando Mandela haya muerto.
Ver las cosas de este modo además de escribir la historia en futuro anterior (al estilo de los que vienen pregonando la muerte de Fidel Castro desde hace décadas y con él el derrumbe de la revolución cubana, y de paso borrando esos 50 años de historia como si nunca hubiesen sucedido), es padecer de una estrechez de miras notable. No tanto porque haya que endiosar a Mandela, sino porque descalificarlo y convertirlo en una anomalía histórica es desconocer que esa anomalía hizo posible al Sudáfrica de hoy. Y como no hay mas de un Mandela es explicable que sus sucesores (aunque san negros y del CMA) nunca puedan estar a su altura.
Pero nada de ello implica que haya que revisar la historia, quitarle méritos a Mandela e imaginar que en definitiva su carácter fundacional y de reinvención de la Nación no debería servir de ejemplo para la mayoría de los políticos del mundo a años luz de sus talentos, habilidades, capacidad reconciliatoria y sobretodo voluntad de crear una nación de opuestos reconciliados del mejor modo posible.
Aunque quizás hagan falta décadas hasta que Sudáfrica se estabilice, generalice sus ventajas a la mayoría de la población (no nos olvidemos de lo poco que ha mutado la Alemania Oriental y ya hace 20 años que cayó el muro) y finalmente cumpla (aunque se a medias) del sueño de Mandela.
Del mismo modo adjudicar este triunfo a una treta de Mandela, especulando y convirtiéndolo en un monje negro, es ignorar nuevamente su rol de cemento social, desconocer completamente las aceradas observaciones de Bruno Latour acerca del ensamble social y caer en maniqueísmos y reduccionismos muy típicos del análisis y la ciencia política académicas o periodístícas, pero totalmente incapaces de pensar la invención de modelos en otros términos que no sean los del oportunismo y el simplisimo explicativo.
Referencia
Mandela y los Springboks Disecciones por Juan Antonio Horrach

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