Interlink Headline News Nº 5282 del Viernes 17 de Julio de 2009
EDITORIAL CONECTAR ES PENSAR. ALFABETISMOS DE LA REFLEXION
Christensen, Perkins, Robinson, personajes mayores
Oscilamos permanentemente entre la queja aburrida y las ensoñaciones mas delirantes. A veces un poco de presente mas mesurado no viene mal. Pero tampoco dejemos de lado dichos extremos, porque el goce y el rendimiento vienen de estancias mas o menos parejas en las tres secantes del tobogán, y no en una poltrona teórica o empírica indefinida arriba, en el medio o abajo.
Las nuestras no son metáforas descosidas sino que vienen a cuenta de algunas de las lecturas combinadas que hacemos permanentemente, mezclándolo todo, lo clásico y lo contemporáneo, lo absurdo y lo mesurado, lo conocido y lo insignificante.
En este caso tengo a mi diestra La escuela inteligente. Del adiestramiento de la memoria a la educación de la mente de David Perkins (original 1992); The element. How finding your passion changes everything de Ken Robinson (2009) y Disrupting class. How disruptive innovation will change the way the world learns de Clayton Christensen (2008).
Las tres obras desde ángulos muy diferentes, abordando problemáticas bastante disimiles y poniendo el dedo en la llaga permanentemente se ocupan de nuestra obsesión de los últimos años, cual es la socialización de las capacidades des innovación y descubrimiento, teniendo a la escuela y a la universidad como espacios privilegiados de enactuación.
De Christensen ya hemos dado unas primeras pinceladas, y el video de Robinson en TED ha sido visto millones de veces en el mundo, desde que Anderson decidió abrir sus archivos. Por eso queremos hoy dedicarle unos cuantos párrafos a Perkins, quien nos sorprendió doblemente, por su lucidez y poder de anticipación, y al mismo tiempo nos dejó un regusto amargo porque la mayoría de sus propuestas de 1992 jamas se convirtieron en políticas.
Lo mismo, lo distinto, corsi e ricorsi
Lo específico de las compuertas evolutivas, esos separadores de la historia en dos partes desiguales, antes y después de una invención tecnológica o cultural que cambia la historia, es su invisibilidad y su naturalización una vez ocurrida. Si bien podemos tener alguna sensibilidad al cambio epocal que supusieron la escritura o los pulmones, el sistema solar o la invención del fuego, el estribo o el capitalismo -para solo dar algunos ejemplos de los mas de 50 que inventarió muchas décadas atrás John Mchale, futurologo de ley-.
Lo mismo sucede con la escuela pública -aunque no figure en su listado-, entendida como la escuela para todos, como parte de una misión masiva que se compromete a llevar conocimientos, habilidades y discernimiento a toda la población. Como bien dice David Perkins se trata de una invención reciente, no menos portentosa que la electricidad, los automóviles, la computadora o la propia internet.
Porque aunque no nos demos cuenta, la escuela pública es una aguja en el pajar -a diferencia de las universidades, que existen prácticamente incambiadas desde hace 8 siglos, con las que a lo mejor comparte su obsolescencia temprana- y aunque cada día esta mas lejos de cumplir con sus promesas, y cada vez podamos suponer que a diferencia de las pirámides de Egipto, única de las 7 maravillas del mundo antiguo que aun subsisten, la escuela quizás podría correr el mismo destino que los Jardines colgantes de Babilonia o el Templo de Artemisa en Efeso.
Pero el problema de la escuela no es que no haya cumplido con lo que prometía, sino que a nosotros no nos alcanza ya lo que prometió, y probablemente cumplió (mas en el primer mundo que el tercero, mas en ciertas áreas de la acción y el pensamiento que en otras, frente a poblaciones mas homogéneas, unidas por valores mas viscerales y también por alternativas culturales mucho menos variadas que las que tenemos hoy)
¿Lo masivo esta reñido con lo bueno?
Porque lo que hoy queremos de las escuelas es que brinden conocimiento y comprensión a un gran número de personas con distintas capacidades e intereses, provenientes de medios culturales y familiares diferentes. Es tanto el desafío que son (somos) muchos los que dicen que no sabemos lo suficiente.
La respuesta de Perkins (que a lo mejor nos hubiese satisfecho en 1992 cuando la formuló, pero que hoy nos parece nuevamente errónea) es que ya sabemos (sabíamos) demasiado acerca de como funciona al aprendizaje, lo que piensan los maestros de su oficio, como manejar la diversidad cultural y como mejorar el rendimiento de la escuela pública.
Según Perkins en 1992 sabíamos mucho acerca de como educar bien (lo que ha pasado en estos tres lustros lo desdicen), pero lo que no sabíamos era como aplicar nuestros conocimientos. Aunque al final insistiremos en nuestras discrepancias, por su valía conviene investigar adonde nos llevan las tesis de Perkins (inmejorables para un diágnostico de la crisis profunda del sistema escolar).
Esta falla de aplicaciones habría hecho que siguiéramos enseñando como hace 20 o 50 años atrás (¿hoy no?) olvidando un uso (científico) del conocimiento para mejorar la transmisión (diseño ontológico) de las escuelas.
Mañana la seguimos. Mientras a seguir referenciandonos en el baño diagnóstico de Perkins. Para la construcción y el diseño habrá que sumarle muchos mas aliados y enfoques que demuestran que seguimos sin saber, a pesar de lo que el propio Perkins sospechaba. Bye hasta mañana en plena tarea de apuntalar la vida cotidiana en el Tigre gracias al auxilio insuperable de Pinkie.

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