Interlink Headline News Nº 5249 del Domingo 14 de Junio de 2009
EDITORIAL LEARN FROM MISTAKES. EDITORIALISTA INVITADA CLAUDIA BONATO. No-alumna/¿Cobayo? del No-Curso (¿Dogma?) Ciberculturas/Comunicación Digital en la Universidad Nacional de Rosario
No es fácil romper estructuras mentales; quizás resulte más sencillo implosionar los silos de Parque Norte para construir el Puerto Madero rosarino, o conseguir que el jefe de prensa felicite a alguien después de un intenso y productivo día de trabajo. Y justamente es esa característica –la no facilidad– la que hace de este intento educativo cuentapropista, una experiencia movilizadora. Veremos, con el devenir, si también productiva.
Los que nos educamos en los ´70 y cursamos la mayor parte de nuestros estudios sistemáticos bajó regímenes de facto –desde el preescolar hasta la universidad– estamos programados, aún bajo protesta, para el modelo tradicional en el que el docente da información y baja línea, y al término del curso chequea cuánto de lo transmitido por él a los alumnos quedó acumulado en la tabla rasa. Por eso, experiencias como ésta generan en principio, cierta fragilidad, vulnerabilidad y hasta desconcierto. En síntesis: sensaciones propias de quien –acostumbrado a pisar tierra firme (quizás árida y poco fecunda, pero firme)– percibe la “no clase” y el “no tutor”, como un tembladeral debajo del cual puede haber cualquier cosa: desde el infierno del Dante, hasta la fuente de Juvencia. Y hay que dejarse caer para saber de qué se trata.
Facetados, “multiédricos” e “hipervinculares” como somos, pasado el shock inicial del primer encuentro, el camino se fue haciendo. Sui generis, con cierta curiosidad, muchas dudas y una dosis fuerte de voluntad, necesaria para entrar al laberinto propuesto/impuesto.
Con curiosidad por saber si los “cursantes” no somos cobayos del Malbrán sometidos a una nueva droga contra la Gripe A. Con dudas sobre la efectividad que la provocación desafiante pueda tener como estrategia educativa. Y con voluntad, porque estoy segura de que –tanto en Argentina, siglo XXI, como en Grecia, Siglo V– no todos pueden apropiarse del conocimiento; y no todos los que lo logran, entienden qué hacer con él, aunque lo tengan disponible a un click de distancia.
En lo personal, a partir de mi necesidad de darle forma concreta a lo difuso, sólo sentí que logré bracear más o menos satisfecha, recién cuando pude parir la primera síntesis del caos. Catarsis, que le dicen.
Es evidente además, que también a los docentes seducidos por la corriente de la “no clase” les cuesta exorcizar al maestro conductista que llevan dentro. “Busquen”, “Googleen”, “Abran”, “Denle más rápido”, “Esto es así” o “Quién te dijo que es como vos decís” fueron algunas de las frases escuchadas a lo largo del curso, que suenan bastante parecido a los clásicos reflejos condicionados de Pavlov.
Es decir: se prioriza observar qué hace el “no alumno” y cómo reacciona (conductismo puro), y no se toma demasiado en cuenta cómo se siente “la persona” o qué piensa.
También me pregunto si la edupunk contempla los pasos del aprendizaje, posteriores al torbellino de ideas inicial: como la fijación de conocimientos, la memorización de los conceptos esenciales y la transferencia a situaciones nuevas (procesos mentales propios del sistema de enseñanza tradicional, sin los cuales es difícil asegurar si alguien aprendió o no), y de los cuales no creo que prescinda ni siquiera Sir Ken Robinson cuando prepara sus conferencias sobre la función de la escuela.
Bienvenido lo nuevo, lo extraño, lo áspero, lo impar, lo desparejo… Siempre y cuando haya un espacio/tiempo para intentar volverlo amigable y útil. De lo contrario, podría caerse en una adolescente idolatría del método edupunk, nada más que porque “está bueno”. ¿A quién no le gusta el patio free, en lugar de los bancos en fila? Pero aún así, todos sabemos que los métodos por sí mismos no garantizan nada (sólo basta recordar algunas experiencias educativas nefastas, como la psicogénesis a comienzos de los ´90). La sabiduría no está en la cima de la universidad. De acuerdo. Salgamos e intentemos construirla en el patio, pero tampoco de esto hagamos un dogma.
Nota del Editor Aquí tienen mi primera reacción a la reacción de los alumnos del pasado domingo.
Anaclara siguió paripassu las distintas sesiones en esta saga:
1. Convergencia de miércoles a las 11
2. Edupunk en la UNR II
3. Edupunk en la UNR III
NB Hay una enorme distancia entre la propuesta y la recepción. Si criticar en acción un dogma es caer inevitablemente en otro dogma, no hay espacio alguno para la innovación y la disrupción. Hasta el fin de los tiempos seguiremos aprendiendo de memoria las tablas de multiplicar y las conjugaciones irregulares de los verbos. Y está bien que así sea. Pero nadie nos va a convencer de que las aulas con su disposición militar, la carrera docente con su origen idem, los curricula estandarizados basados en el modelo fordista y taylorista, y los sistemas de acreditaciones convertidos en la piedra de toque de un formato creado para dividir y reinar son… inevitables, irrenunciables, inmodificables y encima los únicos que permiten fijar conocimientos y transferirlos. En cuanto a la supuesta filosofía conductista que imperaría en el hacer hacer, su ausencia solo llevaría a que los alumnos pasivamente mantuvieran indefinidamente su actitud de escucha pasiva. Curioso que a la movilización se la interprete pavlovianemente, como si el “let it be” fuera progresista e individualizador. AP

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