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Schliemann, el loco alemán

heinrich_schliemann

Como bien escribió Indro Montanelli en su ilustre “Historia de los griegos” “El mejor modo de pagar a nuestro contemporáneo Enrique Schliemann los enormes servicios que nos ha prestado reconstruyendo la civilización clásica, creo que es incluirle entre sus protagonistas, como él mismo mostró desear ardientemente, eligiendo, en pleno siglo XIX, a Zeus como dios, elevando a él sus oraciones, poniendo de nombre Agamenón a su hijo, Andrómaca a su hija, Pélope y Telamón a sus servidores, dedicando a Homero toda su vida y su dinero.”

Nacido en Neu-Bukow, Alemania el 6 de enero de 1822, Heinrich Schliemann, no tuvo una infancia fácil. Hijo de una familia humilde, su madre murió cuando el joven Heinrich solo tenia 9 años. Su padre, que era el pastor de la aldea y de quien se dice que fue una persona arrogante, egoista y muy severa, le inculco, eso si, su gusto por la cultura y le relataba una y otra vez los poemas homéricos y las leyendas escritas sobre Troya.

A los catorce años tuvo que interrumpir sus estudios para trabajar. Schliemann trabajó en tiendas durante cinco años, pero tras un accidente decidió cambiar de ocupación. Ansiado de riqueza, se embarco en un barco rumbo a Venezuela. Tras pocos días de viaje, la embarcación se fue a pique y el naufrago fue salvado, junto a 13 de sus compañeros, en las costas de holanda. Decidió quedarse en Ámsterdam, donde consiguió un empleo en una oficina de comercio y donde de una manera casi fugaz consiguió amansar una gran fortuna. A los veinticuatro años ya era un comerciante acomodado, que poco a poco iba viendo como su fortuna aumentaba a marchas forzadas. Entre negocio y negocio, se dedico un tiempo para cultivarse, tanto es que llego a dominar multitud de lenguas (alemán, holandés, francés, inglés, italiano, ruso, español, portugués, polaco y árabe), pero solo pensaba en una única: el griego antiguo.

En 1852 se casó con una aristócrata rusa con quien tendría tres hijos. Pero su frustrado y resignado matrimonio con Ekaterina no dudaría mas de 17 años, pues en 1869 se divorció. Se casó en segundas nupcias con una mujer griega de tan sólo 16 años, Sophia Engastromenos. Ese mismo año obtuvo su doctorado en Arqueología.
Su ímpetu no cesaba, se estableció en París en 1966, donde estudio Ciencias de la Antigüedad y Lenguas Orientales en la Universidad de la Sorbona.

En 1868 visitó Grecia por primera vez. Entre los lugares que visitó, se encontraba la isla de Ítaca, donde contrató algunos hombres para realizar pequeñas excavaciones en las que realizó escasos hallazgos. También estuvo en Micenas y, tras cruzar los Dardanelos, recorrió a caballo la llanura de Troya. Ese año conoció a Frank Calvert, cónsul británico en los Dardanelos, quien compró la mitad de la colina de Hissarlik, en Turquía, donde los estudiosos de la antigüedad ubicaban Troya.

En 1870 se traslado a vivir con su esposa, a aquel rincón del Asia Menor, donde Homero ubicaba Troya. Después de tardar un año en obtener los permisos del gobierno turco para iniciar las excavaciones, se choco con un frió invierno y con doce meses de esfuerzos inútiles y de derrochar multitud de dinero. La recompensa llego en 1873, cuando encontró una caja de cobre y advirtió enseguida que era el “tesoro de priamo”. Adorno a su mujer con aquellas joyas y las comparo con las que Homero relataba, y supo que eran aquellas que muchos años atrás habían adornado a Helena y Andrómaca.

Enseguida anunció al mundo entero su descubrimiento, pero no lo creyeron. La comunidad científica cuestionaba sus métodos y sus resultados. Decían que todo aquello era una falsa. Solo algunas personas, más sensatas y escrupulosas (como Doerpfeld, Virchow y Burnouf), quisieron investigar sobre el terreno antes de negar los resultados. Tuvieron que rendirse a la evidencia. Continuaron las investigaciones y descubrieron los restos, no de una, sino de nueve Troyas. La única duda por tanto, era saber cual era la Troya que relataba Homero. Mando los tesoros a escondidas al Museo de Berlín (el más capacitado en aquella época), y se enzarzo en una guerra con el gobierno Turco, que le costo una gran cantidad de dinero, el gobierno le hizo pagar daños y perjuicios, pero este estaba más interesado en el dinero que en las restas encontradas.

Más tarde quiso demostrar al mundo entero que Homero no sólo había la verdad acerca de Troya, sino también sobre sus protagonistas. Se fue rumbo a Micenas, y se puso a buscar entre las ruinas la tumba de Agamenón. Usando la obra de Pausanias para localizar las tumbas entre las cuales se creía que se encontraba la correspondiente al legendario Agamenón. Y lo consiguió, hizo grandes descubrimientos en una Micenas que hasta entonces solo se conocían la puerta de los Leones, la muralla ciclópea adosada a ella y el llamado Tesoro o tumba de Atreo. En las excavaciones halló cinco tumbas (en un recinto que ha sido llamado Círculo funerario A) con un total de 20 cadáveres y en torno a ellos abundantes y ricos ajuares funerarios, con numerosos objetos de oro, bronce, marfil y ámbar. Además halló sesenta dientes de jabalí y un numeroso grupo de sellos con grabados de escenas religiosas, de luchas o de caza.

Pero su obra no termino allí, en 1876, dio el toque de gracia y bajo los relatos de Pausanias y Homero, se fue a Tirinto, donde desenterró las murallas ciclópeas de palacio de Proteo, de Perso y de Andrómaca.

Schliemann murió en 1890. Es sin lugar a duda una de las personas que más luz a aportado a toda las sombras del mundo antiguo. Un hombre que se izo así mismo y que trastorno por completo todos los fundamentos de la arqueología y de la historia de Grecia.

http://elquintoreydeuruk.blogspot.com/2009/03/schliemann-el-loco-aleman_24.html

En: Curiosidades — marzo 27, 2009

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