Disculpe, pero su nombre está tomado
Mi plan era simple. Inocente, casi diría. Quería migrar mi cuenta de Hotmail y crearme un alias más corto, más simple, más accesible. Tengo la costumbre, por razones de seguridad, de tipear siempre el nombre de usuario y la contraseña. Bueno, la dirección que venía usando iba a terminar por causarme túnel carpiano.
Allí fui, entonces, a crear otra cuenta en Live.com y durante los siguientes veinticinco minutos me dediqué febrilmente a una actividad que todos los internautas -veteranos y recién llegados- conocen bien: producir combinaciones cada vez más disparatadas para acertar con alguna que no esté registrada. Con todo, el sitio persistió en informarme, con esa serena parsimonia de las máquinas, que cada nuevo y cada vez más insensato seudónimo ya estaba tomado.
Pensé, para calmarme, en que con 11 millones de usuarios del mensajero en la Argentina y 375 millones de cuentas de Hotmail (o sea, Live) en el mundo, la posibilidad de acertar con algo que no se le haya ocurrido a alguien antes, que no sea su nombre, empresa, hobby o película favorita es cercana a cero. A menos, claro está, que inventemos eso que estaba tratando de evitar: una dirección larga y abstrusa, más parecida a una contraseña que a un apodo.
Fantástico, no tenía tiempo para perder en estos malabares sintagmáticos. En un momento, probé un galimatías al azar. ¡Y también estaba registrado! Lógico. ¿Cuántas personas se enfrentaban cada día con este enojoso intríngulis virtual? Me los imaginé cansados de probar y escribiendo cualquier cosa en el teclado. Ni siquiera en eso había probado ser original. Raro que uno sea original al enojarse, dicho sea de paso.
Pero no me iba a rendir. Nuevos paradigmas, nuevas reglas. Las computadoras -y algunas personas a las que respeto mucho- me han enseñado que siempre hay una solución, un atajo, una salida; el asunto es no bajar los brazos y seguir buscando.
Claramente, el camino no era inventar una jerigonza surrealista. Ni tampoco, como uno termina aceptando con resignación, añadir un número al nombre. Eso me hacía sentir como un presidiario. O como un modelo de auto. Torres 1960 . Por favor.
Además, para qué negarlo, tenía la batalla perdida de antemano. Eso era lo que me costaba admitir. Que mi nombre ya no estaba disponible. Y era justo. Otras personas se llaman igual que yo y tienen todo el derecho del mundo de usarlos en sus cuentas. Así que tenía que decirle adiós a la posibilidad de usar Ariel Torres como nombre de usuario.
Lo pensé mejor. ¿Seguro?
Entonces recordé que el correo que uso con más frecuencia, después de atorres@lanacion.com.ar, es ariel.torres , en Gmail. ¡Hurra, había recuperado mi nombre!
No me acuerdo
Resulta que en el Messenger se puede usar cualquier cuenta de e-mail. ¿Incluso si está en el dominio de uno de sus archirrivales? Oh, sí. De modo que coloqué en el formulario de suscripción mi dirección en Gmail, temiendo que las alarmas empezaran a encenderse, bajaran marines de un helicóptero o se apagara la computadora con un gemido. Pero no pasó nada. Por el contrario, todo funcionó pacíficamente y en dos minutos podía entrar en el chat usando un alias menos intrincado.
Probé emoticones, zumbidos, guiños. Andaban como siempre. Empecé a comunicar mi mudanza a los contactos, sin siquiera sospechar la sorpresa que me esperaba.
El papelón, más bien.
Llamé a Microsoft para ver si con una dirección de fuera de su red algunas prestaciones del Messenger desaparecían. El notificador de correo era un candidato obvio, pero para eso ya tengo el Gmail Notifier ( toolbar.google.com/gmail-helper/notifier_windows.html ), no necesitaba otro. Es más, ¡no necesito más cuentas de correo!
Hablé con Martín Spinetto, gerente de marketing de Servicios Online de Microsoft, que me confirmó que el notificador de correo, el espacio de almacenamiento virtual (Skydrive), los grupos y todas aquellas características del mensajero que requieren hacer clic en un link no pueden funcionar con cuentas externas. Esto es lógico. Viceversa, el video y el audio debían operar como siempre.
Con todo, a poco de usar el nuevo alias, seguía recibiendo el aviso de que mi dirección de correo electrónico, es decir la de Gmail, no había sido confirmada. Para evitarse ataques automatizados, estos servicios envían un link por e-mail donde hay que hacer clic para validar la nueva cuenta. Pero no llegaba. Me pareció raro. Pasó otra media hora. Muy raro. Entonces se me ocurrió abrir la carpeta de spam de mi Gmail, y allí estaba el mensaje de Microsoft. Le di clic y se resolvió el asunto, pero parece que los muchachos de Google, allá en Mountain View, tienen que revisar esos filtros anti spam .
Quien no estaba del todo convencido con la falta de disponibilidad de mi nombre y apellido era Spinetto, que me preguntó: “¿Probaste también en Live.com.ar?” Ups, no. Mientras lo tenía al teléfono, escribí live.com.ar (en rigor, www.live.com/?mkt=es-ar ) e hice la prueba esperanzado. “Tampoco está disponible”, le informé con desaliento. “¡Qué raro ?exclamó?, el dominio Live.com.ar es muy nuevo!” Le contesté que a mí también me había parecido raro, pero, bueno, tampoco tengo nombre y apellido extravagantes?
Más tarde, mi cerebro, al parecer más fatigado de lo que estoy dispuesto a admitir, intentaba desde el fondo de la conciencia avisarme de algo. Como usted habrá experimentado muchas veces, es una sensación incómoda, como de inquietud. Como tener una palabra en la punta de la lengua.
De pronto me quedé helado. A viva voz, en medio de la Redacción, mirando fijamente la pantalla, pero sin hacer absolutamente nada, exclamé: “¡No te puedo creer!” Fui escrutado por mis colegas, que no pocas veces me han visto hablar con las computadoras como otras personas hablan con sus plantas. Abrí el Messenger , tipié a toda velocidad y después me aparté de la pantalla de un salto.
¡Había descubierto quién había tomado mi nombre! Fue unos seis meses atrás, cuando el dominio Live.com.ar tenía menos de un año en línea. Conocía al sujeto. Un tipo desmemoriado y bastante distraído.
Sí. Adivinó. Yo mismo había registrado mi nombre y después me había olvidado.
Y el año recién empieza.
Por Ariel Torres
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1110189&pid=&toi=

Bienvenido a






Comentarios