Interlink Headline News Nº 5146 del Martes 3 de Marzo de 2009
EDITORIAL EL HILO DE ALEJANDRO… Editorialista invitado Francis Pisani. Prólogo del libro Nativos Digitales Primera Parte de Dos
Ya no podemos oponer el mundo real al virtual como lo hacíamos antaño. Lo virtual es parte de nuestra vida real. Emociones y acciones reales afectan nuestro quehacer virtual. Pasamos tanto tiempo en uno como en otro y resulta cada vez más difícil separarlos.
No son mundos opuestos. Son capas más bien de una misma realidad -la nuestra- vivida en múltiples niveles tanto simultánea como alternativamente.
Es más, lo que realmente cuenta en nuestras vidas se hace online o pasa por momentos, datos, conexiones que se establecen electrónicamente. Lo determinante y lo estratégico se trasladan poco a poco a la capa virtual y conectada.
Y, sin embargo, sin embargo esas dos capas -que no mundos opuestos- que interactúan de manera cada vez más compleja operan según lógicas muy diferentes. No se desprende una de la otra. Ejemplo: mientras más gente usa la misma estación de ferrocarril, el mismo aeropuerto, la misma autopista, peor resulta el servicio. Mejora, no obstante, en el caso del correo electrónico, de los motores de búsqueda, de los sitios de intercambio de fotos o de subastas online: a medida que pasamos de miles de usuarios a millones, de decenas y ahora de centenas de millones, la calidad se optimiza.
Para complicar las cosas, futuro y presente nunca habían sido tan diferentes en su esencia y tan cercanos en el tiempo. A pesar de sus enormes diferencias, ya no es posible oponerlos como bien lo observó William Gibson cuando escribió: “El futuro ya está aquí aunque su distribución no sea pareja todavía.” Vivimos en varios tiempos a la vez sin saber bien a bien cómo pasar de uno a otro.
Vaya vida la que nos toca vivir de cara a dos encrucijadas a la vez.
Capas diferentes, pues, de una misma realidad que, por falta de comprensión, algunos quieren oponer como si existieran brechas entre ellas. No las hay. O no son como las suelen pintar.
No se ven de la misma manera según la generación en la cual uno se encuentra, estima Piscitelli. La óptica cambia si se nació antes del 1980 (¿del 1990?) o después, y su libro nos explica el por qué, además de los problemas que de ahí se desprenden. También nos propone soluciones para resolverlos.
Pues sí, hay diferencias entre jóvenes y viejos.
Lo nuevo es cuánto pesan hoy, cuándo, quienes más experiencia tienen, entienden menos el mundo en el cual estamos entrando, mientras que quienes han vivido menos sienten y hasta saben con mayor naturalidad de qué está hecho.
Sería tan lindo si los chicos, además de sentirse a sus anchas, tuvieran cultura. Sería tan fácil si la experiencia adquirida ayer por los grandes les pudiera servir hoy y mañana.
La tensión se muestra particularmente grave en el campo de la enseñanza donde los grandes tienen a su cargo preparar a los chicos para un mundo que no entienden. El mérito de Alejandro es tomar precisamente “lo que hace problema”, como dirían los franceses, como hilo conductor. El hilo, gracias al cual se nos prepara con gran eficacia, a chicos y grandes, para navegar mejor entre capas y tiempos.
Retomando categorías de la sociología tradicional, Piscitelli opone las sociedades en las cuales los jóvenes aprenden de los viejos a aquellas en las cuales ocurre al revés. Efecto de la comunicación horizontal facilitada por la internet (insisto en no poner mayúscula para designar algo tan común y de todos), nos encontramos entrando en una época en la cual intercambio y formación mutua son indispensables. No basta, sin embargo, con aceptar la evidencia, tenemos que inventar las modalidades, las herramientas y hasta la filosofía.

Bienvenido a






Comentarios