Interlink Headline News Nº 5101 del Sábado 17 de Enero

EDITORIAL GLORIA Y LOOR AL GRAN NEGROPONTE
Nadie es profeta en todas sus tierras
Fernando Flores nos enseñó muchas cosas. Especialmente un truismo que casi todos ignoramos, y que las representaciones sociales alentadas por los medios, no hacen sino profundizar para mal.
La expertise y la competencia de alto nivel se ejerce en muy pocos dominios. Podemos ser grandes profesores, pero al mismo tiempo pésimos padres (o hijos). Podemos jactarnos de destilar gustos refinados, pero gritamos como descosidos desde el tablón. Podemos dárnoslas de cultos y leídos, y somos incapaces de detectar nuevas tendencias, y de ver en el autor novel de hoy, el estilo del consagrado de mañana. Y la lista sigue y sigue.
Como si se tratara de una extrapolación berreta de uno de esos teoremas de incompletitud en donde un sistema formal potente no puede ser al mismo tiempo exhaustivo y no-contradictorio, todos los seres humano estamos atravesados por una incompletitud mucho mas grave y al mismo tiempo interesante.
De Favaloro a Negroponte, la metida de pata es permanente
Nos destacamos en algunas áreas y hacemos sapo, mal (aparte de tragárnoslos pero esa es una especialidad de los políticos, una especie de otra clase) en la mayoría de las otras.
Truismo decíamos al principio aprendido con Flores, porque una mínima capacidad de distinción debería habernos inmunizado hace rato de las opiniones políticas de Borges, de los consejos cívicos del rabino Bergman, de las tonterías (peligrosas) sobre políticas de seguridad pronunciadas por Blumberg (aunque al final ni siquiera era ingeniero), o del paternalismo (extra-medico) de Favaloro.
Pero no hemos venido hoy a hablar de estos héroes nacionales, sino solo a dar un par de endechas sobre la decisión tomada por Nicholas Negroponte hace pocos días, de reducir la planta de su emprendimiento en OLPC a la mitad, y de bajar los sueldos de la treintena de elegidos para seguir junto al guru camino a la inmortalidad.
¿Echar de mas o de menos?, ¿Antes o después?
Dado el bajísimo rendimiento del proyecto, y la incapacidad de cumplir con sus promesas (de las 7 millones de máquinas que deberían haberse vendido en el 2007 y las entre 100 y 200 millones del 2008, en total solo se han colocado, con enormes esfuerzos cerca de 500.000 en todo el mundo), quizás Negroponte debería haberlos despedido mucho antes.
Ironías aparte por enésima vez (y esto lo hemos comentado con fruición en el weblog sobre OLPC de educ.ar en su momento), un proyecto maravilloso se pinchó en el camino, por “n” razones que los expertos en management podrán inventariar con mucha mayor capacidad y agudeza que yo. Eppur… el proyecto de Negroponte sigue vivo en intuición e inteligencia, y por eso queremos volcar un par de elogios en su favor, sin privarnos es claro de complementarlos con un par de criticas no menos sentidas.
Inviabilidad mayúscula y al mismo tiempo enorme promesa
El proyecto de Negoponte no fue viable (que fácil es decirlo desde la retrospectiva) por un montón de limitaciones, alfunas de las cuales lamentablemente entrevimos desde el comienzo.
Pero aquí solo nos queremos referir a dos errores que a nuestro juicio lo conviertieron desde hace mucho en una gallina bataraza. En ambos casos se trató del desconocimiento por parte de Negroponte de una máxima de la epistemología constructvista que dice que “no vemos que no vemos”.
Negroponte creía que veía mas y mejor como todo visionario, y en algún sentido tenia mas que razón, porque sino no estariamos hablando de él, sino de cualquier otro o de ninguno. Pero ¿Qué fue lo que Negroponte no alcanzo a ver? ¿En que consistió su doble desconocimiento?
Habiendo participado intensivamente de gran parte del desarrollo del proyecto OLPC, y habiendo mantenido mas de una decena de encuentros con Nicholas Negroponte, podemos asegurar que su incansable repetición de que el proyecto OLPC no era un proyecto tecnológico sino educativo, suponía una doble malinterpretación de ambos términos.
Algo mas que una doble malinterpretacion terminológica…
En Negroponte hubo desconocimiento de la educación, porque su espontaneísmo pedagógico, desconocía tanto la necesidad de cierto conocimiento infraestructural que necesita de la imposición y de la repetición (desde las tablas matemáticas hasta la poesía, desde el himno nacional hasta las nociones básicas de pesos y medidas), el gran desfasaje que hay entre la declamación de la epistemología constructivista, y las ventajas relativas que el conductivismo sigue teniendo en las aulas en ciertos temas y disciplinas.
Pero sobretodo la idiosincracia cultural, las pautas de transmisión y la dieta cognitiva de los maestros, casi totalmente ortogonal a la de los alumnos, especialmente en el Tercer Mundo.
En Negroponte hubo desconocimiento de la dinámica tecnologica, porque ignorando un par de décadas de interesantes estudios sociales de la ciencia y la tecnología, especialmente de las teorías del actor red de Callon, Law, Latour et al, lo que Negroponte le pedía a la pedagogía se lo restaba a la tecnología, imaginando que podría inyectar sus gadgets de última generación a presión, en un esquema top-dowm que oscilaba entre “lo hago por tu bien” y la venta de espejitos de colores.
Eppur… si muove. Tanto le debemos a Nicholas
Ese doble desconocimiento no lo privó de haber rasgado la historia de la tecnología educativa en dos, de haber introducido en forma definitiva la idea de saturación (una computadora por chico en todas las aulas, en todas las escuelas del país), como única modalidad de introducción feliz e irreversible de la tecnología en el aula. Incidentalmente dejó al descubierto la enorme resistencia de la corporación docente a modificar hábitos, prácticas, pero sobretodo a pagar el costo de la incomprensión intergeneracional.
En el medio inventó el nicho de las webtops o computadoras mínimas (cerca de1kg de peso, altísimas prestaciones y bajísimo costo). También anticipó lo que será la próxima herida narcisista de la profesión docente. El día (no distante mas de una década o dos en el horizonte) en el que las laptops devenidas celulares y viceversa cuesten 25 dólares, y todos los chicos (y los grandes) tengan uno. Allí si que todo proyecto tecnológico será educativo por masivo, por facilidad de uso, por ubicuidad y por ruptura final de las paredes del aula.
Por eso gloria y loor. No sabemos si Negroponte será el (nuestro) Sarmiento del siglo XXI. Lo que podemos asegurar es que, equivocaciones incluidas, está haciendo mas por la renovación de la educación y de la tecnología educativa, que catervas de pedagogos, que redactores de informes vacuos, y que criticos nostálgicos de paraísos alfabetizados perdidos que nunca existieron
Chapeau Maestro.

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