Los que se fueron y dejaron su sello
Para mi generación, que creció en la segunda mitad del siglo XX, Moisés siempre tendrá el rostro de Charlton Heston.
Hasta que Cecil B. DeMille hizo Los diez mandamientos , en 1956, con un procedimiento llamado VistaVisión que, por entonces, parecía la mayor innovación en materia de técnica cinematográfica, Moisés era el de Miguel Angel o el de las ilustraciones de Gustav Doré.
Pero una vez que Charlton Heston apareció en la pantalla cargando estoicamente en cada brazo las Tablas de la Ley, que debían pesar un montón, en medio de un espectáculo de fuegos celestiales que rivaliza con la inauguración de las Olimpíadas de Pekín, nadie pudo ya disputarle el cetro.
Charlton Heston murió en abril del año pasado y a pesar de su patética secuencia en el documental de Michael Moore, Bowling for Columbine , ha sido una de las presencias que definieron al cine norteamericano y su influencia a partir de los años 50. Interpretó desde Marco Antonio a El Cid, y prácticamente no hay figura heroica en la historia o en la mitología cuyos zapatos no haya calzado.
Paul Newman, fallecido en septiembre, fue otra de las figuras dominantes de Hollywood durante cinco décadas y uno de los actores más admirados universalmente.
Pero, más aún, Newman definió un estilo, un carácter típicamente norteamericano, desde el buscavidas condenado de El audaz , hasta el bandolero Butch Cassidy , que se volvería tan reconocible para el público, como lo francés en Belmondo o lo italiano en Mastroianni.
El año 2008 fue devastador en materia de desapariciones de gente notable, pero a la abundancia de nombres se suma la evidencia de que lo que se ha ido, es una generación que definió la época, sus valores y su cultura. Miriam Makeba murió en noviembre. Cuando cantaba Pata, pata , un tema que no podía faltar en sus presentaciones, la audiencia se sentía parte de una ceremonia tan vital como irresistible.
No solo descubrió el Africa y su música para el resto del mundo a fines de los años 50 y le aportó un sentido de dignidad, sino que fue el Africa, su representación y metáfora, precisamente en el período en que los países africanos emergían del colonialismo.
El médico Michael DeBakey (julio), uno de los pioneros de la cardiocirugía moderna y el primero en practicar una angioplastia, asombró con la audacia de sus operaciones a corazón abierto cuando despuntaba la década del 60.
Inventó el corazón artificial y convirtió a términos como “trasplante de corazón” y “by-pass” en expresiones el lenguaje cotidiano.
Y nadie como el escritor Arthur C. Clarke (marzo), anticipó algunos de los conflictos y angustias existenciales que más tarde traería la revolución tecnológica, como en su novela 2001: Una odisea del espacio , llevada al cine por Stanley Kubrick.
¿Quién podría olvidar el deslumbramiento que produjo la emergencia de Bobby Fisher (enero), en el mundo del ajedrez, particularmente después de sus presentaciones en Mar del Plata y en Buenos Aires? ¿Quién podría olvidar a Cyd Charisse (junio), en Cantando bajo la lluvia , en el ballet que comparte con Gene Nelly?
¿Y quién no salió del cine hipnotizado después de ver a Richard Widmark (marzo), tratando de contener una epidemia de peste bubónica en Pánico en las calles , de Elia Kazan?
La memoria de mi generación ha sido modelada por el deslumbramiento de escuchar por primera vez a Eartha Kitt (diciembre), cantando Love for sale ; de ver a Paul Scofield (marzo), interpretando a Tomás Moro en El hombre de dos reinos , o de detenerse ante uno de los “combines” de Robert Rauschenberg (mayo), en el Museo Guggenheim.
Las películas de Sydney Pollack (mayo) como Los tres días del Cóndor , Ausencia de malicia y Fachada nos ayudaron a reflexionar sobre las fuerzas ocultas que se movían detrás del poder en los Estados Unidos, tanto como los libros de Alexander Solzhenitsyn (agosto), nos educaron sobre la brutalidad de la represión en la Unión Soviética.
Menos admirables
Algunas figuras menos admirables, como el senador por Carolina del Norte, Jesse Helms (julio), cuyo racismo e intolerancia resonaron en el Senado por tres décadas, o el dirigente nacionalista austríaco Jörg Haider (octubre), quien logró llevar al neonazismo al gobierno, también desaparecieron en 2008.
Todos ellos, en mayor o en menor media, modelaron nuestra visión del mundo, colorearon nuestra existencia y nos ayudaron a comprender mejor nuestra realidad y nuestra circunstancia.
Mario Diament
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1086537&pid=&toi=

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