En épocas malas, buenas noticias
En un momento en que los titulares están acaparados por la crisis financiera y la violencia, es especialmente importante reconocer la creatividad de muchos gobiernos para combatir la pobreza, la enfermedad y el hambre. Y el propósito no es hacernos sentir un poco mejor, sino más bien enfrentar una de las más graves amenazas del mundo: el difundido pesimismo que sostiene que los problemas de hoy son demasiado grandes para que se pueda resolverlos. Estudiar los éxitos nos da conocimiento y confianza para incrementar nuestros esfuerzos colectivos destinados a resolver los grandes desafíos globales de hoy.
Hay que sacarse el sombrero, en primer lugar, ante México, por ser pionero en la idea de “transferencias condicionales de efectivo” a las familias pobres. Esas transferencias permiten y estimulan a esas familias a invertir en salud, nutrición y escolaridad para sus hijos. El “Programa de Oportunidades” mexicano, conducido por el presidente Felipe Calderón, es ahora imitado en América latina. A instancias de los cantantes Shakira y Alejandro Sanz, y de un movimiento social que ambos encabezan, todos los líderes latinoamericanos se comprometieron a intensificar en la región los programas de desarrollo infantil, a partir del éxito que han demostrado tener hasta la fecha.
Noruega lanzó un programa de 1000 millones de dólares, junto con Brasil, para inducir a los comunidades pobres del Amazonas a poner fin a la deforestación. De manera muy inteligente, Noruega entrega los fondos a Brasil solamente tras un éxito comprobado en la disminución de la deforestación. España, con el liderazgo del primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero, ha ofrecido un estímulo importante para ayudar a los países más pobres a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
El gobierno español propuso acertadamente que las verdaderas soluciones para el problema de la pobreza requieren inversiones simultáneas en salud, educación, agricultura e infraestructura; después, los españoles reunieron los fondos necesarios para contribuir a que esa visión integrada se convirtiera en realidad. España será anfitriona de una reunión, este mes, destinada a lanzar una nueva lucha contra el hambre mundial. Una vez más, España propone medios prácticos para pasar de las palabras a la acción, específicamente, para ayudar a los empobrecidos campesinos a conseguir las herramientas, las semillas y el fertilizante que necesitan para aumentar su productividad y sus ingresos y para asegurarse su alimento.
El primer ministro australiano Kevin Rudd también se ha revelado como campeón en la resolución de problemas globales, articulando un audaz plan de acción contra el cambio climático y proponiendo nuevos y prácticos métodos destinados a cumplir los Objetivos del Milenio. Australia puso dinero real sobre la mesa para aumentar la producción de alimentos, siguiendo la línea propuesta por España.
Estos esfuerzos han sido igualados por las medidas adoptadas en las economías más pobres. El empobrecido país de Malawi -que carece de salida al mar-,con el liderazgo del presidente Bingu wa Mutharika, ha duplicado su producción anual de alimentos, desde 2005, gracias al pionero esfuerzo destinado a ayudar a sus agricultores más pobres. El programa fue tan exitoso que se lo imita en toda Africa.
El gobierno de Mali, encabezado por el presidente Amadou Toumani Touré, ha planteado recientemente un audaz desafío a la comunidad mundial. Mali ansía aumentar las inversiones en agricultura, salud, educación e infraestructura en sus 166 comunidades más pobres. Los planes son detallados, serios, creíbles y basados en éxitos que el gobierno ya consiguió. El mundo más rico prometió ayudar a Mali, y Mali se ha abierto camino gracias a su creatividad.
Hay innumerables casos que se podrían mencionar. La Unión Europea ha lanzado un programa de 1000 millones de euros para ayudar a los agricultores. La Gates Foundation, Unicef, el Rotary International y muchos gobiernos lograron reducir las muertes por polio a una milésima parte de las que se producían una generación atrás. Esfuerzos similares están en marcha en otros frentes: el control de infecciones y de la lepra, y ahora también un importante esfuerzo global destinado a reducir casi a cero las muertes por malaria para el año 2015.
Todos estos éxitos comparten una estructura semejante. Enfrentan un desafío grave y definido, como una escasa producción de alimentos o una enfermedad específica, y se basan en soluciones bien definidas, como equipamiento agrícola o aportes financieros imprescindibles para los campesinos, o inmunizaciones.
Los proyectos de prueba en pequeña escala demostraron que se puede tener éxito; el desafío, entonces, es llevar esas soluciones “a escala”, en programas nacionales y mundiales. Es necesario un buen liderazgo, tanto en los países necesitados como en las naciones más ricas, que pueden contribuir a instrumentar y financiar las soluciones. Modestas cantidades de dinero, dedicadas a resolver los problemas prácticos, pueden generar una diferencia histórica.
Las malas noticias pueden asfixiar a las buenas, especialmente en épocas de grave crisis financiera y agitación política. Pero las buenas noticias demuestran que perderemos la batalla contra la pobreza y la miseria solamente si nos rendimos y no atendemos a toda la inteligencia y la buena voluntad que pueden movilizarse hoy. Y tal vez el año que viene EE.UU. vuelva a unirse al esfuerzo global, bajo la conducción de un presidente joven que les ha dicho a los estadounidenses y al mundo que “Sí, podemos”.
Por Jeffrey D. Sachs
Traducción de Mirta Rosenberg
El autor dirige el Earth Institute de la Universidad de Colombia, en Nueva York

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