Palabras
Marivaux a un mendigo sano: “¿No puede usted trabajar?” Y el mendigo: “¡Ah, mi querido señor! Si supiera usted lo perezoso que soy, seguro que se apiadaría de mí”. Esta sinceridad le gustó tanto que le dio una limosna.
He llegado a la conclusión de que las bodas se cuentan entre los platos de carne porque están prohibidas en la cuaresma.
Al que está enamorado de sí mismo, su amor le ofrece al menos la ventaja de que no llegará a tener muchos rivales.
Un pez que se ahogó en el aire.
El cumplido: “¿Llegó usted bien a su casa?”, aun da testimonio de nuestras antiguas costumbres y del antiguo empedrado de nuestras calles.
Libros quemados, pase, pero, ¡asados quemados!
Apronio dice del papa Inocencio XI que su principal estatura estaba en la nariz.
El 8 de octubre de 1796, cuando la ciudad de Andreasberg fue incendiada en gran parte por un rayo, los habitantes se negaron a conceder asilo al hombre en cuya casa había caído el rayo, arguyendo que debía ser un canalla para que Dios descargase primero su ira sobre él.
Su abogado lo sacó en libertad en un juicio por bigamia demostrando que, en realidad, ¡tenía tres mujeres!
Lo que siempre me ha gustado en el hombre es que, siendo capaz de construir Louvres, pirámides eternas y basílicas de San Pedro, pueda contemplar fascinado la celdilla de un panal de abejas o la concha de un caracol.
El alemán Georg Christoph Lichtenberg (1741-1799) fue científico, filósofo, incluso discípulo de Kant, y humorista. Aquí, algunas líneas de Aforismos, libro admirado por Nietzsche y publicado después de su muerte.

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