Enseñar en Salta pasando por Bolivia
Cada mañana, libros en mano, la maestra Nélida Flores sale de su casa en Aguas Blancas, en el norte salteño, cruza en balsa el río Bermejo, llega a la frontera con Bolivia y toma un ómnibus que, cuatro horas después, la deja en el río Grande, de Tarija. Atraviesa la frontera a caballo y, nuevamente del lado argentino, llega a Trementinal, en plena selva salteña. Allí está la escuela rancho N° 4727, donde cada lunes la esperan unos 50 chicos.
La historia de la docente, y por supuesto también la de sus alumnos, sacudió el corazón de los argentinos. Ese recorrido, tan insólito como sacrificado, es el único posible para llegar a la escuela, construida por las mismas familias de la comunidad hace cinco años. El paraje rural está ubicado a 50 kilómetros en línea recta de General Mosconi, el municipio urbanizado más cercano. Pero como no hay un camino que los conecte, es obligatorio pasar por Bolivia.
Las paredes de la escuela N° 4727 son de precarias maderas y los techos de chapa dejan pasar la lluvia. Y el piso, obviamente, es de tierra. Mientras Nélida dicta clase, las madres de los alumnos preparan el almuerzo: charqui con arroz y salsa. La comida se calienta a leña porque en este lugar, perteneciente al municipio de Mosconi, el segundo productor de gas del país… no hay gas natural.
Nélida duerme durante toda la semana en la escuela de Trementinal, un lugar difícil de encontrar en los mapas argentinos, y comparte todos los días con varios de sus alumnos. Pero los viernes vuelve a su casa para estar con sus dos hijos, su familia. O, mejor, su otra familia.

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