Interlink Headline News Nº 4954 del Sábado 23 de Agosto de 2008
EDITORIAL EL INTRINGULIS DE ENTRENAR DOCENTES Primera Parte de Dos o Tres
Docente que no comunica superlativamente tiene poca duración
Como anticipé apenas pude leer parte del libro mas reciente de Joan Ferres La educación como industria del deseo. Un nuevo estilo comunicativo en el ultimo viaje de regreso a BiEi, Ferrés un viejo y admirado conocido nuestro, pescó un par de condicionantes básicos de lo que es ser un buen docente en el siglo XXI.
Para él es imposible/impensable un docente que no tenga capacidades comunicativas superlativas, únicas que lo inmunizarían y le permitirán competir con la oferta creciente de estímulos y de potenciacion del deseo supuesto por el complejo mediatico, y mas aun por la convergencia mediática extraordinariamente bien ejemplificada en el último libro (ya viejo de dos años) de Henry Jenkins Convergence Culture.. Tiene que ser un maestro en competencia comunicacional.
Docente que no seduce/persuade tiene poca duración
Menos previsible, pero no menos importante, es el segundo condicionante de la posibilidad de ser un buen docente a principios del tercer Milenio. Si un docente quiere ser escuchado, entendido, asimilado e incluso contestado criticamente, necesita ser un excelente vendedor, un poderoso publicitario, necesita llegar no solo a la cabeza de los chicos sino sobretodo a hacer titilar (y educarlos en) sus emociones. Tiene que ser un maestro en inteligencia emocional
Si bien los ejemplos y las argumentaciones de Ferrés resultan muchas veces simplistas y desconocen el detalle de como ha cambiado la comunicación y el deseo en los tiempos de Internet, en un terreno anquilosado por una proclama retórica de valores, un desconocimiento creciente de la asimetría/asincronia entre los tiempos de la escuela y los tiempos de los chicos, y sobretodo habiendo hecho una apuesta insensata de volver a algún paraíso perdido que nunca fue, justo en un momento en donde una serie convergente de tecnologías e infraestructuras hacen posible imaginar una democratización auténtica de las competencias y las habilidades como nunca antes, conviene analizar en cierto detalle sus propuestas y recomendaciones.
De la transmisión a la transacción
El problema con gran parte de la profesión educativa es que dice creer una cosa y sus exponentes hacen otra. Dice buscar ciertos objetivos pero utilizan herramientas que los vuelven imposible de alcanzar. Es demasiada la energía que se gasta en declamar y despotricar, pero es muy poca la energía efectiva que se utiliza para reinventar la profesión, y para recuperar lo mejor de la tradición clásica, a la vez que se añade la sal y la pimienta de los nuevos dispositivos y categorías epistemológicas que nos permiten no solo entender al mundo sino construirlo en procesos cada vez mas complejos e inextricables.
Pero nos equivocaríamos mal y pronto si imaginamos que los problemas centrales a tratar son de naturaleza operacional (usar o no tecnología en el aula, cambiar o no de didáctica, medir cuan conductistas o constrtuctivistas somos en el aula concreta) sino de naturaleza política y conceptual, y están vinculados a factores relacionales, emocionales y sobretodo vinculares escasamente tratados. Por eso es tan valioso -aunque un tanto superficial- el aporte de Ferres.
El educador como mediador
Porque si bien fue cierto siempre que el educador para ser tal debía privilegiar la dimensión mediadora de la tarea educativa y ser llamado a mediar, a conciliar polos opuestos e integrar contrarios, en este mundo mas polarizado, mas irreconciliable, mas atravesado de diferencias y mas dispuesto que nunca al conflicto y a la confrontación, tal tarea aparece desde el vamos como como condicionante de todo lo demás.
Mediadores hay de muchos tipos y clases y muchos se quedan cortos en cuanto a su relevancia docente. El mediador que estamos imaginando no es ni el mensajero, ni el mecenas ni el editor, o incluso las propias musas. Tampoco son los sacerdotes y las celestinas, los chamanes o los diputados, los creativos publicitarios, los árbitros, los críticos de arte, aunque todos ellos cumplen parte de esta función mediadora.
En todos los casos anteriores queda claro que el mediador es un tercero entre dos, que actúa siempre en el terreno del conflicto utilizando estrategias conciliadoras. En el caso educativo, -como siempre- la cosa es mas compleja y sutil. Porque el mediador no solo debe ser capaz de resolver los conflictos (en un mundo donde estos vienen agigantados por la diferencias de capital cultural y simbólico, social y emocional, cognitivo y económico) sino que encima -para que la mecha educativa finalmente encienda, también debe ayudar a crearlos.
Educador que resuelve conflictos pero que los crea también
He aquí la definición de educador que endosaremos de ahora en mas. Ser un buen educador implica poseer esa capacidad mediadora de resolver los conflictos derivados de la divergencia de intereses de los educandos y de la institución académica, y por otra la capacidad de crear en ellos conflictos cognitivos, de romper sus esquemas, de sembrar dudas inquietudes, incertidumbre, desasosiego y curiosidad intelectual -pero tambien emocional, azi como atizar la sorras inteligencias a la Howard Gardner o a la Daniel Link.
Algo que por otra parte es la definición misma del mundo actual, que a diferencia de etapas anteriores sobrenada en las contradiciones y necesita muchas veces, antes que inventar sesudos esquemas intelectuales o sofisticadas didácticas, simplemente ver lo mismo (el mundo cada vez mas supuestamente absurdo que nos rodea), pero con otros ojos. No los del desaliento o de la critica comparativa con edenes perdidos, sino los de la valoración plena de la complejidad, la perplejidad y el caos como disparadores maravilloso de nuevos fenómenos de comprensión.
Recién vuelto de mi seminario en la Blas Pascal en Córdoba capital, donde un nutrido publico de docentes y directivos fuero expuestos a estos disparadores, y con mucho mas por venir/decir/hacer les digo bye hasta mañana AP desde nuestra renovada casita en Rincón de la Costa, Tigre.
Mientras Marcelo Orihuela un asistente al seminario hizo una excelente (hiperlinkeada) sintesis

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