Palabras
La meditación que no puede ponerse a prueba en la acción no tiene ningún valor. Uno cree que ha alcanzado algo cuando, en realidad, no ha alcanzado nada. La meditación debe ser una apertura de nuestro ser a todas las posibilidades. De la misma forma que una flor se abre dejando que entre el sol. Es algo totalmente natural. En la tradición tibetana, por ejemplo, la gente desempeña todos los actos cotidianos: trabajar, cocinar, limpiar, etcétera, como parte de su meditación. Todo lo que hace, piensa o experimenta pertenece al estado de meditación. Esta es en realidad su forma más elevada. De hecho, la meditación es algo mucho más natural de lo que pensamos. La mayoría de las personas la considera como un estado especial fuera de la vida cotidiana, sin embargo, meditar es simplemente un estado natural de paz en el que dejamos fluir todo aquello normalmente inhibido en nosotros. Hoy en día, mucha gente propaga gran variedad de normas sobre la meditación: lo que ha de hacerse, lo que no. Pero yo siempre digo que no se debe forzar nada: simplemente recogerse y centrarse durante un rato en uno mismo. Entonces, cualquier cosa que suceda es significativa y cuando menos esperamos, más conseguiremos. Creo que la actitud de la meditación ha de ser de alegría desinteresada. La alegría es la mejor prueba de la eficacia de la meditación.
El lama Anagarika Govinda (Ernst Hoffman) nació en Alemania en 1898 y murió en 1985 en California. Enamorado del Tíbet y sus montañas, pasó la mayor parte de la vida estudiando y trabajando en monasterios del Himalaya. Sostuvo que la llave de la sabiduría está en integrar lo individual con lo universal, el espíritu con la materia, lo sagrado con lo secular, en percibir la unidad en la multiplicidad y el papel de la conciencia individual en la conciencia cósmica.

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