Interlink Headline News Nº 4939 del Viernes 8 de Agosto de 2008
EDITORIAL CONVERGENCIA MEDIATICA, CULTURA PARTICIPATIVA E INTELIGENCIA COLECTIVA Primera Parte de Varias
Conceptos emergentes para realidades emergentes
Habían pasado pocos días después del derrumbe de las Torres Gemelas a cargo de Bin Laden y sus secuaces, cuando los reporteros de CNN escandalizados y habiéndose vuelto propagandistas acérrimos del gobierno de USA, tomaron imágenes inverosímiles de muchedumbres antinorteamericanas enfervorizadas agitando pancartas, que representaban a Blas de Barrio Sésamo pegado junto a Osama Bin Laden.
Apenas los creadores de Barrio Sesamo vieron esos carteles amenazaron con emprender acciones legales (¿contra las multitudes?), sin darse cuenta de que esa asociación había nacido a partir de una imagen photoshopeada realizada por Dino Ignacio, un estudiante de secundaria filipino, como parte de una serie de imágenes pertenecientes a la colección “Blas es malo” (en otras aparecía al lado de Hitler, del Ku Klux Klan, del Unabomber y teniendo, mas gratificadamente, sexo con Pamela Anderson).
Cuando Dino vio el tole tole que se armó, insistió que su idea había sido siempre estar a prudencial distancia de los grandes medios -desactivando provisoriamente su sitio. En ese caso éstos volvieron a comerse una expresión pura de la contracultura mostrando la porosidad de los límites, el entrechoque de viejos y nuevos medios, el entrecruzamiento de los medios populares con los corporativos, y la forma en que el poder de los productores y consumidores mediáticos interacciona de modos impredecibles.
Aunque hay muchos que estan tematizando y bien estas cuestiones, nadie como Henry Jenkins tuvo el oportunismo y la clarividencia de hilvanar los tres conceptos del título mostrando con un grado de detalle y de amplitud que está en juego cuando estos tres memes de la convergencia, la participación y la colectivización de la inteligencia arden de consuno.
No fue el menor de los méritos de Jenkins haber derribado la falacia común tanto a las corporaciones como a sus críticos que suponen que la convergencia debe concebirse primero y principalmente como un proceso tecnológico que aglutina múltiples funciones mediáticas en los mismos aparatos.
Tecnoirreduccionismo
Para Jenkins, para Yudice, para Shirky, para otros críticos tecnoirreduccionistas como ellos, la convergencia es un cambio cultural, al animar a los consumidores a buscar nueva información y a establecer conexiones entre contenidos mediáticos dispersos. Nadie que quiera entender la industria cultural hoy puede hacerlo sino es desde el ángulo del trabajo/juego/ de reinvención de los espectadores en el nuevo sistema mediático -totalmente ortogonal a todas las concepciones dominantes de broadcast o irradiación.
Cultura participativa es el término que engloba esta nueva forma de coproducir mediaciones. La convergencia se produce en nuestras cabezas y en nuestras interacciones sociales. El consumo ha devenido colectivo, los lugares de la producción y el consumo se intercambian crecientemente. La suma del conocimiento individual supera ampliamente a la de los expertos. Hay que barajar y dar de nuevo. Las conductas van por el ascensor y los conceptos por la escalera.
Pero la inteligencia colectiva (algo sobre lo que Pierre Levy viene trabajando desde hace dos décadas y exploto en forma operativa en el desconocidísimo “Los árboles del conocimiento“) también puede/debe verse como una fuente alternativa de poder mediático. Curiosamente y por razones que cabe enumerar este poder hasta ahora solo se ha hecho efectivo en la cultura del entretenimiento, pero pronto lo veremos en universos mas serios, con la religión, la educación, el derecho, la política y el mundo militar y alli si que atájense Catalina.
No importa el formato, importa la búsqueda
El cine hace rato que se adueñó de los celulares aunque por estas latitudes no nos hayamos enterado. Hace una eternidad, en diciembre de 2004 que una película de Bollywood se proyecto en Delhi y alrededores usando EDGE con video streaming, mientras nosotros aquí seguimos deplorando el GPRS. Ya hay festivales de cine en móviles. Mientras las promesas/amenazas de Negroponte, Gilder & Co que imaginaban desde la transformación interneteana de la cultura de masas hasta su destrucción (en esos dipolos que ya nos aburren tanto y que oscilan entre el tecnoapocalipticismo y el tecnointegracionismo) no se han producido, y difícilmente ocurran.
Ni Internet borró el viejo orden analógico, ni la época dorada de las punto.com y la renovación práctico-conceptual que está significando la emergencia de las redes sociales es irrelevante o supone la descalificación del paradigma digital por sobrepromesa. Hay un poco de cada cosa, pero en el balance hay mas de todo, especialmente de situaciones cada vez mas complejas, inmanejables y confusas que se prestan tanto para el comentario socarrón, pero mucho mas para el desafío epistemológico, materia que nos entretiene y subyuga.
Y la mudanza cual saga continúa. Ya hemos abierto las primeras cajas, armado las primeras bbiliotecas. Tenemos Internet y cable. El gas se apaga. Las bombitas brillan y el lugar es un ensueño. Pensar que la podía haber tenido a Mayra botta de la unidad funcional 99 como vecina. Pero claro se mudó antes. Otra vez será. Bye hasta mañana AP.

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