Palabras
El docente es quien asume, entre sus tareas, la de averiguar si los alumnos estudiaron, se prepararon, comprendieron, dedicaron tiempo y esfuerzo… si saben. Pero en general suelen omitir una pregunta a ellos mismos muy importante: ¿los interesaron antes?
¿Quién tiene ganas de dedicar su tiempo, su energía y esfuerzo a algo que no le interesa? ¿Sabemos los docentes despertar curiosidad? ¿Quién nos preparó para eso? ¿Quién nos enseñó a generar apetito por aprender? ¿Quién se preocupa por bucear en los gustos e inclinaciones de los jóvenes para ayudarlos a desarrollarse por allí?
El mayor problema de la educación en los primeros niveles es que los docentes dan respuestas a preguntas que los niños no se hicieron; tener que tolerar eso es decididamente aburrido. ¿Por qué no prueban al revés? ¿Puede todo docente explicar por qué enseña lo que enseña? ¿Puede explicar para qué sirve lo que dice? ¿Es capaz de contar el origen del problema que llevó a la solución que quiere que aprendamos?
¿Quién dijo que la tarea del docente es sólo dar respuestas? La primera cosa que un buen docente debería hacer es tratar de generar preguntas. ¿Ustedes se sentarían a escuchar respuestas a preguntas que no se hicieron? ¿Lo harían con interés? En cambio, si uno logra despertar su curiosidad, el joven saldrá en busca de la respuesta porque le interesa encontrarla. La encontrará solo, se la preguntará a un compañero, al padre, al maestro, la buscará en un libro, no sé. Algo va a hacer, porque está motorizado por su propio interés.
Adrián Paenza es doctor en Matemáticas egresado de la UBA, docente, periodista y autor del libro Matemática… ¿estás ahí? , del que publicamos un fragmento.

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