Interlink Headline News Nº 4892 del Domingo 22 de Junio de 2008
EDITORIAL LA ESTUPIDIZACION DE LAS MULTITUDES. EL DIA QUE PDERO BARCIA SE AGENCIO DE UN ALIADO DE LEY.. SIN SABERLO. Segunda Parte de Varias
Anécdotas vs mas anécdotas
Pero no es tan fácil sacarnos a un aguafiestas como Carr de encima. Porque sabedor de que su suma de anécdotas es tan poco convincente y argumentativa como podría la suma de las nuestras, Carr acude a la sacrosanta ciencia para convencernos de que el David Bowan que vive en Mountain View, y que mora en unas dachas muy fashion denominadas Googleplex, está tramando borrar nuestra capacidad argumentativa.
Es por ello que se refugia en la sacrosanta ciencia, y aunque sabe que aun nos falta mucho para confirmar como Internet infecta (perdón afecta) la cognición, recurre a un estudio reciente acerca de los hábitos on line publicado por University College London, Pioneering research shows ‘Google Generation’ is a myth que corrobaria que estamos atravesando una compuerta evolutiva -para mal.
Tomando como base los logs de visitas a la British Library por un lado, y a un consorcio de entidades educativas inglesas por el otro, se habría confirmado el supuesto de los letrados (base de la batería de argumentos de Barcia et al), de que estamos adviniendo a un tipo de actividad de sobrevuelo de la información, saltando de una fuente de información a la otra y rara vez o nunca volviendo al original.
Saltamontes informacionales y el cerebro lector
Estos usuarios (la gran mayoría) serían saltamontes informacionales, no leerían mas que una página o dos de un libro, grabarían algún artículo largo pero nunca lo revisitarían. La gran novedad del estudio (para Carr) es que no se lee en línea, sino que se flota, saltea, hojea (algo que Jakob Nielsen el guru de la usabilidad había descubierto hace ya mas de una década atrás). Copiando alguna justificación de un psicoanalista argentino los autores del “sesudo” ensayo insisten en que se lee en línea para no leer.
Gente mas versada que Carr como Maryanne Wolf, de Tufts University autora de Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain de la que nos agenciamos en uno de nuestros ultimos viajes, insiste en que el privilegio que le otorgamos a la “eficiencia” y a la “immediatez” por encima de cualquier otro valor está liquidando nuestra capacidad de lectura (y suponemos también que de argumentación e interpretación profunda -como insistía Clifford Geertz cuando hablada de descripción densa).
Como la lectura no es innata, e implicó un largo trabajo cultural de varios miles de años, intempestivamente y a partir de ejemplos aislados, de un récord de no mas de 15 años de experiencia en la red, y de muchas ganas de que la realidad se acomode a los medios y a los perjuicios, autores de este calibre, (que defienden tanto la inteligencia humana como sus propias profesiones y privilegios), temen que nuestro cableado cerebral colapse y nos borre lo que de mas humanos tenemos que es ser lectores, profundos.
Telegrafía conceptual
Haciendo eco al Heidegger que deploró en los años 60 el uso de la máquina de escribir como deficiencia de la capacidad expresiva, Carr no tiene mejor idea que dar el ejemplo de un Nietzsche comprándose una máquina de escribir Malling-Hansen Writing Ball, en 1882 que terminaría -como bien dice Friedrich A. Kittler en Gramophone, Film, Typewriter – cambiando los argumentos en aforismos, los pensamientos en juegos de lenguaje y la retórica en un estilo telegráfico -aunque a mi particularmente me gusta mucho mas que Nietzsche epigramático post 1882 que el anterior
Carr pega trompadas para todos lados. Lo que generalmente podríamos imaginar como una buena noticia, a saber la plasticidad del cerebro humano, la capacidad de autoreconfigurarse y de reinventarse es vista por Carr y cia como un enorme riesgo. Podriamos perder en un par de décadas lo que habríamos ganado en miles de años. Gigantes -pero tambien tecnófobos- como Lewis Mumford o críticos inteligentes como Joseph Weizenbaum son reclutados por Carr en su saga latouriana tratando de mandar al infierno a Google.
Leyendo a McLuhan al revés, Carr sugiere que Internet se comerá a todos los medios anteriores (¿no oyó hablar nunca de remediacion o de retrogresión?, yanqui tenia que ser el muchacho), recreándolos a su imagen y semejanza, para detrimento del medio anterior y autoenaltecimiento de la Red. Y siempre desde una lectura conspirativa que trata de dispersar nuestra atención y de volver difusa nuestra concentración.
El colonialismo epistemológico de la web
Esta colonización de los medios anteriores se reflejaría en la mala costumbre de los medios tradicionales de incrustar en su soporte la retórica y el estilo comunicativo de la red. Y el peor sacrilegio cometido en esta dirección seria la osadía del The New York Times de dedicar la segunda y tercera página del diario a abstracts de artículos que responderían al gusto de los lectores interneteanos.
Carr como Cassin no tiene empacho en saltar de la preocupación al delirio. De jugar con una intuición, sin mayor base empírica y solo validada por una tribu endogámica como la suya (los lectores y escritores compulsivos pre 1980) y de pronto invocar a Frederick Winslow Taylor y a sus experimentos en la planta de acero de Midvale y la invención del algoritmo laboral, adscribiéndole la paternidad de y el carácter de precursor de Google.
La semana fue cortisima, finalmente no pudimos tomar la tesis de gobierno digital, vimos el capitulo final de la cuarta temporada de House, terrible, y andamos a cuatro manos y dos computadoras preparando las sendas charlas de la semana próxima además del teórico de Datos.

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