Palabras
Mi amigo tenía un carácter extravagante -no sé cómo definirlo de otro modo-, una de sus rarezas era amar la noche sólo por cariño a la noche, de la cual se mostraba apasionado; y hasta yo mismo caí tranquilamente en esa extravagancia, como en todas las demás que le eran propias. La negra divinidad no podía estar siempre con nosotros, pero se buscó el medio de suplirla: al rayar la aurora cerrábamos bien todos los pesados postigos de nuestra vivienda y encendíamos dos bujías perfumadas, cuya luz era débil y pálida. Iluminados por aquella ligera claridad, cada cual se entregaba a sus reflexiones y después leíamos, escribíamos o hablábamos hasta que el reloj nos anunciaba de nuevo la hora de la verdadera oscuridad. Entonces salíamos para recorrer las calles, tomados del brazo y continuando la conversación del día. Andábamos al azar hasta una hora muy avanzada, siempre en busca, a través de las luces desordenadas y de las tinieblas de la populosa ciudad, de esas innumerables excitaciones espirituales que el estudio pacífico no puede darnos.
En tales circunstancias, no podía menos de observar y admirar, la actitud analítica tan particular de Dupin. Parecía deleitarse en ejercitarla, y decíame con una sonrisa que muchos hombres tenían para él una ventana abierta en el lado del corazón.
Detectar y erradicar los prejuicios y los miedos que boicotean nuestra posibilidad de amar. Confiemos en que siempre existen segundas oportunidades, cuando las primeras fracasan.
En este fragmento de su famoso Doble asesinato en la calle Morgue , Edgar Allan Poe (1809-1849) presenta a Augusto Dupin, protagonista y uno de los primeros detectives de la historia del cuento policial.
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/espectaculos/nota.asp?nota_id=1012809

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