Interlink Headline News nº 4842 del Sábado 3 de Mayo
EDITORIAL ROSARIO TAMBIEN SIRVE PARA PENSAR Primera Parte de Dos
Cada ciudad tiene su encanto y también su condena. Cada ciudad juega un rol en nuestra construcción de identidad y subjetividad. Y así como Mar del Plata (a la que fui insistentemente desde lo 0 a los 18 años) tiñó mi idea de lo que son las vacaciones, para descartarlas para siempre como espacio de reducción de 3 meses al estado de ente buscasol y holgazaneante, otras ciudades, locales y extranjeras han cumplido distintas misiones en nuestro devenir ciudadanos y sobretodo en nuestro devenir argentinos.
Así Mendoza, a la que visite por primera vez a los 14 años, y adonde he estado después una decena de veces, se ha convertido en mi modelo de ciudad limpia, moderna, convocante, un disparador para saltar a la alta montaña pero también mi ideal de ciudad del interior.
Conozco a Cordoba mucho menos y nunca me enganché demasiado con ella, pero hace un par de años volví por primera vez a Alta Gracia en 50 años y retomé unas vacaciones infantiles cerrando un arco de vida que siempre pide volver al origen.
Por distintos motivos he pasado varias veces por Salta y Jujuy, he ido una cantidad de veces a Posadas y a Trelew, pasé en varias oportunidades por Neuquén y San Juan, por Catamarca y San Luis, por Santa Fé y por Comodoro Rivadavia , y seguramente por varias mas incluyendo un par de estancias en Ushuaia y Bariloche y apenas un toco y me voy en Río Gallegos y Río Grande, Tucumán y a Santiago del Estero.
Como muchos de estos viajes han ocurrido en los últimos 20 años, la mayoría de ellos están teñidos, mas que nostalgia turística por mi sombrero de conferencista y evangelista interneteano, por mi rol de profesor universitario itinerante y por cierta fama (mal llevada) de guru o de diseñador de nuevas formas de vida tecnológicas.
Cuando la suerte o la prevención nos llevan a hacernos cargo de un tema como el futuro tecnológico, detestado y anhelado al mismo tiempo, que no tiene en los argentinos (masivamente cooptados por la nostalgia, por el derecho a la identidad y por una política de la memoria, que a lo mejor lamentablemente se está convirtiendo en un lastre), esta elección de que y como pensar me ha abierto muchas puertas y especialmente me ha permitido tanto auscultar la alteridad (que en el interior se vive con una fuerza impresionante, dado que salvo bolsones de riqueza mal distribuida, el tiempo mental de gran parte interior esta situado muchos años) como ayudar/me a pensar.
Y de todas las ciudades del interior la que mejor lo ha logrado (convertida así en la ciudad que me ayuda a pensar) Rosario ha tenido un rol destacado, cuando justo está cumpliendo mas de dos décadas haciéndose cargo de esta función.
Mi historia de codesarrollo intelectual con Rosario empezó a mediados de los 80. Cuando Mario dos Santos fue convocado por las autoridades de la UNR para cubrir la cátedra Teoría Política III que en ese momento estaba a cargo exclusivamente del Dr Millet, ex rector de la Universidad y un hombre de creencias y hábitos mentales poco recomendables.
Mario no acepto el convite y me mando a mi que durante año y medio debí impregnarme de autores y temas que nunca fueron mis favoritos (como Rawls y Habermas, Sartori y Bernstein, McPherson y Nolte, ¡que extravagante resulta hoy revisar esos programas!), pero que me obligaron a estudiar como nunca, y que exigieron que hiciera unos malabarismos mentales extremos tratando de combinar mis deseos con mis obligaciones, mis lecturas con las de la realidad de ese entonces (todavía estábamos en la ingenua primavera alfonsinista), y sobretodo me regalaran una serie de amigos y conocidos (especialmente al Mosquito de la Torre) que se convertirían en compañeros de vida.
Volví innumerables veces a Rosario después de esa experiencia que no terminó muy bien (fui acusado por los mismos alumnos que me habían festejado mis devaneos como un infiltrado de la dictadura militar) y fui pasando por distintas tribunas y ámbitos de irradiación del saber.
El Festival local de Cine, postgrados de la UNR, postgrados de la UAI, eventos ad hoc y desde hace 3 o 4 años mi convocante (la mejor excusa que encontré hasta ahora para ver a Marcelo y su adorable familia) está siendo la Fundación Libertad, que para quienes hayan leído mi editorial sobre Stiglitz de ayer y anteayer, está en las aníipodas de mis gustos y amenidades.
Pero dado que mi amigo Prince insiste en que vaya y descerraje un par de clases sobre los modelos de negocios de Intel y Microsoft (a lo que sistemáticamente me opongo), Rosario y la Fundación Libertad en particular se han convertido en un bastión privilegiado, para que olvide casi todo lo que di/dije/pense hasta un día o dos antes en otro lado y vaya allá a improvisar, o mejor dicho a dar punta con hilo a una cantidad muy grande de lecturas y problemas, que por distintos motivos aun no tejí con debida solvencia (o a lo mejor así creia) en otros ámbitos.
Je las clases terminaron ayer al mediodía y hoy parecen tan lejanas, Volvimos bien y ya nos preparamos para las obligaciones laborales de la semana. Bye hasta mañana AP.

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