Interlink Headline News nº 4840 del Jueves 1 de Mayo
EDITORIAL CODO A CODO CON UN PREMIO NOBEL Primera Parte de Dos
Nunca segui muy de cerca la carrera de Joseph Stiglitz. La verdad que habiendo tantos economistas en el mundo -y equivocándose tanto acerca de tantas cosas-, especialmente acerca de la economía argentina, evitarlo no habría sido motivo de mayor critica. Ni propia ni ajena.
Pero hubo dos momentos en el que mi desatención se vio conmovida. La primera fue cuando Stiglitz publicó el primero de sus best-sellers: El malestar en la globalización y sacudió al mundo académico y al mundo del establishment económico por razones muy distintas.
A los primeros porque un economista de su fuste, que un año antes había conseguido el premio Nobel por una teoría como la del screening y el acceso asimétrico al conocimiento de las transacciones económicas, de pronto mordía la mano de los dueños del poder que lo habían alimentado durante décadas, y sin empacho criticaría a siniestra al FMI y al Banco Mundial, que en una muestra de tolerancia 0 no tardaría en expulsarlo de su seno.
A los segundos porque un hombre que había habitado el corazón de la bestia tenía el tupé de mostrar como esas instituciones beneméritas, que habían sido corresponsables de la crisis de globalizacion a nivel universal, habían barrido durante demasiado tiempo su mugre interna debajo de la alfombra, y ahora un habitante de la gran mansión no tenía empacho en dejarlos al descubierto, delante del publico en general, de la prensa en particular, y abría la puerta a políticas económicas heterodoxas que tendrían a la Argentina (con su política de desendeudamiento y de canje compulsivo de bonos y de desprecio hacia los holdouts), un antecedente que no haría sonreír a ninguno de quienes habían participado de la fiesta de los bonos, las tasas y la bomba del endeudamiento durante mas de una década.
Un comportamiento tal (que exige y aun exige un entendimiento mas cabal de las motivaciones de Stiglitz, que no está demasiado desarrollado en su biografía pública y mucho menos en su sitio web) no necesariamente habría de ser bienvenido por parte de los escépticos y los mal pensantes, entre los cuales milito acaloradamente desde hace décadas. Por lo que mi primera reacción al leer, comentar y ver convertidos en best-sellers obras como Los felices noventa fue responder entre ofendido y malhumorado con el sanbenito de “Stiglitz es un converso”. Y los conversos no me gustan ni medio.
¿Había sido necesario que Stiglitz viviera en carne propia los desaguisados del FMI para denunciarlo? ¿No le había alcanzado con las bravuconadas y las manipulaciones que los organismos crediticios internacionales habían empleado desde siempre, para darse cuenta de que eran nocivos para el orden internacional a largo plazo, y de que sus políticas miopes y cortoplacistas no harían sino desplumar aun mas nuestras desoladas comarcas, generando crisis y conflictos sin fin?
Pero como una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, mas alla de esta conversión oportunista, las tesis de Stiglitz acerca de las asimetrías, sus denuncias de los cuasi óptimos paretianos y su promoción creciente de que los modelos económicos son rehenes (para bien y para mal) de las estrategias políticas, lo ubicaron en lugar privilegiado para sostener políticas económicas heterodoxas, y para ayudar aendosar ideologicamente formas de hacer economía nunca bien vistas en los países centrales.
Por ello no extrañó a nadie que en numerosas oportunidades, pero muy especialmente durante su visita de un día la semana pasada a la Argentina, Joseph Stiglitz no se haya cansado de enviar señales de que apoyo a la política económica del gobierno de Cristina Kirchner.
Y la verdad que la forma en que lo hizo, el lugar en donde lo hizo y la facilidad con que le bajó el copete a gran parte de la prensa pro-establishment y anti-cristinista que ocupó alguna mesa central en el Hotel Panamericano el lunes pasado, fue divertido, y sirvió para cerrar mas de un pico y para que la prensa acérrima que defiende la ortodoxia liberal y neoliberal se viera vapuleada sin que nadie se animara a reaccionar
Porque ante una avalancha de preguntas previsibles y aburridas, Stiglitz no se arredró y mientras que toda la ortodoxia económica local, liderada por el diario La Nación y las usinas de pensamiento de centroderecha ex-menemistas, ahora prestas a volver al ruedo de la mano de la protestas del campo, una y otra vez lo azuzaron para hacer declaraciones rimbombantes y que llevaran agua para su molino, el Premio Nobel no les dio el gusto. Y también les revolvió las tripas.
Eso ya paso hace casi una semana y en el medio ocurrieron otras movidas y discusiones. Como siempre lo mas rico fue el martes en la Cátedra de Datos que en una movida insólita instaló muchos de los temas acerca de la democracia -o su falta- digital, y la necesidad de ampliar el poliedro interpretativo ante un coloso de generación de sentido (o sin sentido como critica Cassin que se beneficia de la publicidad que le genera el objeto criticado) cual es el caso de Google. Ya terminando nuestra corta estancia de día y medio en Rosario les decimos bye hasta mañana AP.

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