Palabras
La Galería del Este, con salida también a la calle Maipú, se transformó en el paseo diario de Borges y su madre, Leonor Acevedo, pues vivían enfrente. A él lo veíamos casi todos los días yendo a la librería La Ciudad, muy cerca de Antígona.
Una vez, a su pedido, le compramos un block de papel que necesitaba para un dictado y en pago de la atención nos invitó a tomar un café en el bar de la galería. Nos quedamos mudas escuchándolo. Nos habló de las tan comunes muletillas coloquiales que, sin darnos cuenta, se han ido incorporando al lenguaje habitual hasta formar parte de él. En un momento, dirigiéndose a mí, me dijo con extraña sonrisa: “Sin ir más lejos, usted acaba de decir vio Borges, y usted bien sabe que yo no veo un pito”. Confieso que no supe dónde meterme. En otra oportunidad, paseando como siempre por allí, golpeó la puerta de Antígona, y con esa voz entrecortada y misteriosa le dijo a mi hermana Marymaría, que estaba sola en la galería: “¡Saludos a la sombra de Fotheringham!” La pobre quedó muy impresionada pensando que tal vez Borges había notado que la sombra del abuelo Ignacio rondaba a su lado. Y, muy asustada, cerró la galería y se fue.
La que siempre entraba a visitarnos era Leonor, su madre. Nos daba alegría ver entrar a la “historia con sombrero”, como ella misma se definió en una oportunidad. Era un deleite escuchar con qué gracia narraba cosas que le habían sucedido.
Mabel Castellano Fotheringham, pintora y coleccionista, es la autora de Los apuntes de Mabel, crónica biográfica. Junto con María, su hermana, fundó la mítica galería Antígona, en 1955, donde, entre otros, daban clase Tomás Eloy Martínez, Ernesto Schoo, Leopoldo Presas y Carlos Alonso.

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