Interlink Headline News Nº 4754 del Martes 5 de Febrero
EDITORIAL EL LARGO CAMINO ACADEMICO DE SANTIAGO Editorialista invitado Carlos Scolari Post original

Acabo de regresar del Congreso Fundacional de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (AE-IC) en Santiago de Compostela. Fueron tres días a full, reencontrando muchos amigos y colegas, escuchando ponencias y conferencias e intentando tomar nota de todo lo que pasaba a mi alrededor. Algún día nos dedicaremos a contar la traumática historia de las organizaciones de investigadores de la comunicación en España -esperemos que esta vez la AE-IC se consolide y se convierta en una referencia en el panorama europeo-, así que por el momento hablaremos del congreso.
Fue un evento muy grande, con más de 500 ponencias enviadas (50% aceptadas) y la presencia de conferenciantes de lujo como Néstor Garcia Canclini. Como ya nos tienen acostumbrados nuestros amigos de Santiago, la organización fue perfecta, el programa de actos paralelos muy bueno y el clima general de gran intensidad (a pesar de la lluvia).
Pasemos a las ponencias. Si bien resulta imposible asistir a todas las comisiones, en las cuatro que participé detecté algunas particularidades que quisiera compartir. Como en cualquier otro congreso, siempre hay un grupo reducido de ponencias que destacan del resto; por otra parte, siempre encontramos una serie de presentaciones por debajo de la línea de flotación académica. Nada extraordinario: pasa en todos los eventos. Lo que me llamó la atención es la franja media, o sea las ponencias estándard: en más de un caso se presentaron trabajos con carencias metodológicas, a veces superficiales y que apenas superaban un nivel descriptivo.
No sabría decir si este nivel de ponencias es representativo de la investigación en comunicación en España. Muchos investigadores reservan sus mejores cartas para las revistas indexadas y presentan en los congresos comunicaciones de segunda línea. Es una lástima, porque los congresos son el ámbito natural para discutir con los colegas el propio trabajo de investigación. Me queda la sensación de que muchas investigaciones y ponencias podrían haber mordido más a fondo.
Todo esto es quizás consecuencia del “efecto ANECA” analizado por nuestro amigo Jaume Soriano: a los investigadores se nos exige publicar en revistas reconocidas para poder avanzar en nuestra carrera profesional y, dado que las ponencias a congresos son menos valoradas, se terminan enviando comunicaciones menos trabajadas. Esperemos que esta lógica cambie y que los congresos se conviertan en un espacio de discusión de primera línea. Sin embargo, todo esto no quita que exista una debilidad metodológica endémica en los estudios iberoamericanos de comunicación.
Estas debilidades repercuten en el reconocimiento institucional de los estudios de comunicación (se habló mucho en el congreso sobre esta cuestión). Como sabemos, en las instancias decisivas del estado los proyectos de investigació de comunicación terminan siendo evaluados por catedráticos de otras áreas de las ciencias sociales. En este congreso en Santiago de Compostela se ha dado quizás el primer paso en el largo camino del reconocimiento académico de la comunicación en España.
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Hablemos ahora de las ponencias vinculadas a lo digital.
Poco a poco el estudio de los medios digitales e interactivos ha ganado el centro de la escena investigativa española. Junto con los estudios de discurso/contenido, las ponencias sobre medios, tecnología y comunicación constituyeron uno de los sectores con mayor número de presentaciones. Encontré en Santiago investigadores -la mayoría muy jóvenes- analizando el ciberperiodismo, el podcasting o las nuevas formas de publicidad interactiva. Hay mucho interés en estudiar lo nuevo.
Sin embargo esta masa crítica de investigaciones que se va consolidando todavía no tiene un reflejo en los planes de estudio ni en la oferta de formación. Lo digital va entrando de a poco en el mundo académico español, primero como tema de investigación y después, bastante después, como contenido de la enseñanza. En ese contexto, más de un colega ha reconocido que en la Universitat de Vic tenemos programas de estudio en sintonía con las transformaciones que está viviendo el ecosistema mediático (lo cual nos enorgullece).
Este avance de lo digital no quita que las fuerzas rezagadas sigan insistiendo en que “lo digital no cambia nada”… Un reconocido profesor de economía de la comunicación llegó a decir que “el fenómeno Youtube es anecdótico” y que la industria cultural seguirá funcionando igual que antes. Supongo que más de un copista de manuscritos habrá dicho algo similar cuando en 1445 un tal Gutenberg inventó una maquinita con piezas de plomo.
Entre las ponencias presentadas había varias que hacían alusión al concepto de web 2.0. Como saben, la web colaborativa ha sido y seguirá siendo uno de los grandes temas de Digitalismo. Siempre me preocupó el uso despreocupado y poco preciso de ciertos conceptos, sobre todo en el contexto de los discursos teóricos (varias veces escribí en este blog sobre el caos semántico y el mito de la web 2.0). Ahora bien, en el congreso de Santiago detecté un par de patinazos… por ejemplo una ponencia que equiparaba televisión móvil = TV 2.0, o una presentación donde se hablaba de la radio 2.0 pero no se hacía referencia a los contenidos generados por los oyentes.
La televisión en los dispositivos móviles no es necesariamente igual a la televisión colaborativa, son cosas diferentes (yo puedo ver un episodio de House en el móvil y no se trata de una experiencia participativa ni es un contenido generado por el usuario). Imagino a la televisión 2.0 como una experiencia muchos-a-muchos en la línea de Youtube, una plataforma a la cual podemos acceder a través de la computadora o el móvil. Por otra parte, si hablamos de radio 2.0 deberíamos focalizar el discurso en los contenidos generados por los oyentes y no en otros fenómenos como los cambios en la programación. Tengo la sensación de que nos seguimos moviendo en un territorio teórico-discursivo frágil, lo cual dificulta la construcción de una teoría de las nuevas formas de comunicación digitales e interactivas.
Volviendo al congreso, fue una hermosa experiencia poder compartir tres días de trabajo y charlas con tantos colegas y amigos. Esperemos que la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (AE-IC) se consolide y pueda seguir generando espacios de encuentro y debate. La semana que viene viviré una experiencia similar -pero mucho más reducida- durante el encuentro anual de la revista DeSignis en París, un lugar donde confluyen semióticos de Europa y América Latina.

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