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Interlink Headline News Nº 4738 del Domingo 20 de Enero

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EDITORIAL PORQUE QUEREMOS TANTO A HOUSE Tercera y ultima Parte

Una serie de misterio, lo del Dr. es lo de menos

David Shore el guionista de la serie sabía qué es lo que quería obtener cuando definió al proyecto como una serie de misterio que reflexionaría sobre las relaciones humanas tal como hacen la literatura o el ensayo sociológico o filosófico. En esto coincide con el gran George Steiner quien hace poco sostuvo que “la TV es el reino de las grandes historias que, en otras épocas, hubieran surgido en la literatura de su país”. Desde títulos canónicamente filosóficos de los episodios como “La navaja de Occam”, o “El método socrático”, pasando por la personalidad de Gregory House y los modos de representación de la enfermedad, todo lleva a que esta serie televisiva sea una de las mejores encarnaciones de lo difícil que es “mostrarse” (es decir ser para los demás) en el mundo actual.

Si los casos son extremadamente difíciles de resolver y siempre necesitan del ukase final de la enorme y única capacidad abductiva de House para disolverlos, ello no es sino el reflejo obstinado e irreductible de la opacidad, la falta de transparencia con que se manifiestan los afectos y los sentimientos en el mundo actual.

Que los espectadores quieren/queremos a House por la misma razón que ninguna madre respetable querría que se acercara a su hija, que ningún jefe lo recomendaría para un curso de liderazgo, y que ningún político lo ensalzaría porque los secretos de la profesión se guardan en casa, queda testimoniado en weblogs oficiales del programa , y en la enorme cantidad de espacios en donde se idolatra a House y se toma a la serie como una representación mas que fiel de los ambientes de trabajo actuales.

Inestabilidades emocionales a ultranza.. igual que en el mundo real

Claro que en Hospital Princenton-Plainsboro de New Jersey -en realidad la serie está filmada en Century City en Los Angeles y en Vancouver, British Columbia- no es un lugar cualquiera, sino un hospital de elite, donde los internos tienen un nivel altísimo y compiten entre si (en la 4ta temporada se trata de 40 postulantes que son nominados inclementemente en cada programa) para deslumbrarlo a House -y de paso a nosotros- con sus observaciones agudas, con sus inferencias brillantes y con su capacidad de desautorizarse entre ellos en una escalada infernal, vibrante y que añade much adrenalina a la serie.

Si hay una (o dos) constantes en House éstas pueden hallarse en la permanente referencia a las inestabilidades emocionales que provocan las tensiones de la vida contemporánea, pero no solo en el plano subjetivo de la intimidad sino también en el contexto, objetivo, social en el que se organiza el trabajo.

Aquí la que se ve vapuleada es la imagen del experto. La realidad hipercompleja destruye la validez de los procedimientos y los protocolos. House es una de las criticas mas virulentas y efectivas de la sociedad post-modernas que jamas hayamos visto – solo que afortunada e inesperadamente es una critica en imagenes. La filosofia ha devenido patica -como queria Julio Cabrera-.

Pero npo por ello los guionistas de House descuidan sus fuentes literarias y como bien señala Ibañez un conjunto de guiños dados por William Burroughs, Richard Dawkins y Jean Baudrillard a los memes, los viruses y las bacterias que testimonian la invasión creciente de una supuesta naturaleza humana incontaminada previa, que hoy debe sobrevivir no a pesar sino gracias a su maridaje permanente con mutantes, exovida y sobretodo con una manipulación generada por nosotros mismos autores de la mayoría de los males que nos afectan.

House propone una reflexión critica en términos de ecobiologia social. Cansados de echarle la culpa a los otros, al entorno, a la naturaleza, a lo incognoscible, House mejor que la mayoría de las otras series, ha decidido que el enemigo hace rato que duerme con nosotros y que no hay tu tía.

Para cerrar estas breves musitaciones con alguna pincelada sobre la recepción y la creación (y cortocicuito) a las audiencias, obviamente es un fenómeno totalmente distinto ver (sentir/compartir/festejar o distanciarse) de House en USA, en España y en Argentina. Pero lo que compartimos los espectadores de estas latitudes tan disímiles es una serie mucho mas valiosa no por estar bien hecha sino por lo que nos dice.

El inesperado retorno de la pedagogía televisiva

House nos prosterna con su adrenalina audiovisual y su potenciación de nuestra competencia lectora y eso por si solo es muchísimo. Por por si eso fuera poco -como dicen los vendedores ambulantes del subte- House también nos vende un rechazo visceral al sistema (desde dentro del propio sistema), una lectura filosófica finísima (sintonizada con autores antes citados desde Giddens a Baudrillard) de una sociedad que se cae a pedazos y que no tiene quien la remiende.

Porque House no es el redentor, no es un Neo de quirófano, pero el hombre tiene algo, ademas del interminable dolor de la cojera suavizado a lampazos de Vicodin. Como decían los alumnos de Bateson, House sabe algo que no quiere decir, salvo como saber tácito que solo encarna en sus manos taumaturgas. ¿De donde le viene a House su tan buen hacer/decir? ¿De la mera aplicación del método científico?, ¿De su experiencia visionaria con las drogas?, ¿De un saber tácito ancestral? ¿De todo lo anterior y de mucho mas, especialmente de los saberes indiciarios que comparte con Sherlock Holmes, con Sigmund Freud y con otros cazadores de síntomas?

No lo sabemos pero si sabemos algo. House (y la mayoría de sus discípulos) no se dobla ni se rompe. Es solo y siempre fiel a si mismo. Y aun en los momentos de mayor desasosiego, de trampas que le tienden y que se tiende el mismo, de tentaciones de todo tipo, el hombre se mantiene en sus trece, mantiene en alto su autoestima y sigue adelante. Porque para el (para nosotros que lo queremos tanto) lo único que merece la pena es esforzarnos/se a ser mejores personas.

Queda claro en House que algo (que mucho) no funciona bien. Que lo que da sentido no es el trabajo por mejor hecho que este. Pero curiosa, inesperada y sorprendentemente nos trasmite confianza y seguridad para seguir viviendo y haciendo en este mundo de la incertidumbre a mandobles.

House dándole en este sentido mas que la razón al Steven Johnson de Everything Bad is Good for you legitima el concepto de cultura televisiva, echando por tierra los mil y un manuales y tratados que la desprecian como escoria y contraponen la incultura de la pantalla a la cultura del papel. Si solo fuera por eso debería estar en el panteón de nuestros héroes intelectuales. Pero como lo hace con imágenes, con un efecto patico imperecedero, los 80 capítulos de House son un Balzac del siglo XXI que han llegado justo a tiempo en el post-2001 para mostrar que no todo está perdido y que ver TV nos vuelve mas inteligentes, agudos, profundos y sobretodo cuidadosos y respetuosos con la avasallada naturaleza humana.

Referencias

“No quiero que House sea feliz” Entrevista a David Shore

Sitio oficial de la serie

Multivariada biografia de Hugh Laurie

Un retrato mediatico

Un sitio no oficial de Laurie

Todos los guiones de las cuatro temporadas

Una cantidad impresionante de fuentes y recursos

La gran (tele)novela americana

Claro nos quedamos con mas ganas de House, mas ganas de meternos mas de lleno en la segunda era dorada de la TV, con mas y mas y mas. Mientras un consabido domingo con Patán en la pileta de la Dra Serra que también es uno de las cosas bellas de la vida. Bye hasta mañana AP.

En: Editoriales — enero 20, 2008

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