Interlink Headline News Nº 4734 del Miércoles 16 de Enero
DESCONFIANZA, APATIA, CONTRADEMOCRACIA Segunda y ultima Parte
Todas las semanas, especialmente si vivimos en los trópicos y somos azuzados por la agenda de los grandes medios, los únicos que en Argentina, a excepción del gobierno nacional -y ahora el porteño- hacen política, nos encontramos con un gran proselitismo en contra de la concepción que los gobiernos en el poder tienen de la política. A veces inocentemente, otras taimadamente, pero el resultado es casi siempre el mismo. Todo lo que hace el gobierno está mal y todo lo que dice la oposición, fundamentalmente mediática está bien. Y la mejor caja de resonancia de esta asimetría está en la protesta social, en el cuestionamiento permanente que distintos estratos hacen de las políticas del gobierno, en las críticas y en los descontentos, en los conflictos y en el rechazo por parte de de la ciudadanía de lo logrado/legitimado en las urnas.
Lo que hace agua en estas críticas mediáticas en la que se enanca una oposición básicamente retórica y logorreica, es en el desconocimiento de que la teoría política que abrazan está un tanto desteñida. Desde las revoluciones francesa, americana y sudamericanas las sociedades civiles se han desarrollado muchísimo. Antes se pensaba a la democracia totalmente incluida en las instituciones políticas y parlamentarias, ahora es más abarcante.
Como bien dice Pierre Rosanvallon hay que volver a Tocqueville quien ya en 1830, decía que la democracia no era un régimen político sino una forma de sociedad. Su último libro Contrademocracia está precisamente enteramente dedicado a estudiar ese desarrollo democrático que desborda los márgenes de las instituciones.
Es cierto que en Argentina, a diferencia de Francia, muchos no están convenidos de que las elecciones son “el poder de la última palabra” y que a partir de la elección hay cosas que no se discuten más. Pero mas allá de esta nada trivial diferencia queda claro que tanto allá como acá las cosas estámn camnbiando. Con una claridad meridiana Rosanvallon dice de que va la cosa: “el ciudadano activo es más que un elector, no se limita a elegir cada cuatro o cinco años. Es un actor de la sociedad civil. Interroga al poder, lo pone a prueba, lo obliga a rendir cuentas. El voto expresa la confianza, la actividad diaria de los ciudadanos es actuar la desconfianza“.
Rosanvallon, de quien oímos hablar por primera vez en el París de 1984 cuando formaba parte del CREA liderado en ese entonces por Jean Pierre Dupuy ,y a quien alguna vez llevamos a cenar en alguna noche clacsiana, tiene mas que claro que el problema de la democracia contemporánea es que se pasa fácilmente de la desconfianza positiva a la desconfianza negativa. La democracia actual es un régimen ambiguo porque porta un desarrollo de la actividad ciudadana y mucha capacidad de destruir los fundamentos del sistema.
Para Rosanvallon la organización de la desconfianza no alcanza para hacer un relato de la sociedad porque ésta no es la suma de sus partes ni la de sus voces ni las de sus demandas. Ese es el lugar de la política que no solamente ve la confrontación de diferentes intereses particulares. Es un espacio muy único donde se forman las reglas de la vida común. Lo propio de la política es organizar el conflicto, tronchar en un punto el debate, hay intereses en conflicto y se elige entre ellos. Las elecciones fuerzan a hacer una opción que corte la discusión. Al mismo tiempo hay que organizar el consenso. Al principio se fantaseaba que podía conseguirse pleno consenso, que la división era una patología, que podía llegarse a la, superadora, unanimidad. No es así: hay conflictos de intereses, de clases, culturales.
El gran desafío de la democracia tal como la conocemos consiste en como articular un régimen de deliberación con uno de decisión. El problema es la filosofía política centrada en uno solo de los dos aspectos: el decisionista o el deliberativo. Hay un faltante, allí.
Para Rosanvallon en este tipo de democracias falladas en las sociedades complejas que hemos logrado conseguir, el escándalo tiene un valor fundante. El escándalo revela y alerta sobre las acciones subterráneas hermanadas con la corrupción y con la invisibilidad. Pero en estas sociedades de la fluidez, la incertidumbre y la articulación friccional, las denuncias de escándalo (propias del periodismo de hiperdenuncia como Lanata & cía, y también de la hiperoposición retórica como el ARI) pueden ser, en cierto sentido, una renuncia a la política. El auge de los escándalos es consecuencia de una crisis de la política: la desideologización y al desencanto. Cuando se discutían sistemas, las cuestiones personales eran secundarias. Se debatía el sistema, no sus desviaciones.
Rosanvallon sabe que entre la contrademocracia de la vigilancia y su caricatura, que se inclina hacia el nihilismo, no hay mucha distancia. Es fácil pasar de una a la otra. Y ése es el problema del populismo el que cree ver muy difundido en A.L que llevaria a a lo impolítico. En ese proceso, la preocupación activa y positiva de vigilar la acción de los poderes y de someterlos a la crítica se transforma en una estigmatización compulsiva y permanente de los gobernantes, hasta convertirlos en una suerte de potencia enemiga, radicalmente exterior a la sociedad. Esos impugnadores contemporáneos no designan ningún horizonte; su actitud no los lleva a una acción crítica creativa. Esa gente expresa simplemente, en forma desordenada y furiosa, el hecho de que han dejado de encontrarle sentido a las cosas y son incapaces de hallar su lugar en el mundo. Por otro lado, creen que sólo pueden existir condenando a las elites a los infiernos, sin siquiera intentar tomar el poder para ejercerlo.
Curiosamente lo que Rosanvallon critica son las posturas muy aclamadas en los últimos años de Toni Negri, Michael Hardt y hasta las del propio Slavoj Zizek (este es exactamente el mismo tipo de criticas y de lecturas muy contrapuestas esgrimidas por Ernesto Laclau en su última obra La razón populista) quien al mismo tiempo reivindica -contra Rosanvallon- al populismo.
Como vemos en esta apretada síntesis, enfocando nuestra realidad con las ideas de Rosanvallon mas de un fenómeno resulta, sino aplanado al menos mejor entrevisto. El conflicto es ineludible en sociedades como las nuestras en donde las síntesis aun no se han hecho y en donde las diferencias de clase son hoy tan fuertes como de costumbre.
Hay mucho criticable en las políticas de gobierno, pero la mayoría de las criticas de la oposición son de una ingenuidad o de una mala leche sin fin. Como bien decía Georges Canguilhem “trabajar un concepto es hacer variar la extensión y la comprensión. Generalizarlo por la incorporación de sus rasgos excepcionales. Exportarlo fuera de su región de origen. O inversamente buscarle un modelo, es decir conferirle progresivamente, por transformaciones regladas, la función de una forma“.
Con el concepto de contrademocracia en nuestras alforjas teóricas es ya hora de repensar nuestra democracia impura e imperfecta. Con solo percibir lo que está juego en el supuesto nuevo enfoque que el fiscal porteño quiere dar al tema de los piquetes y la replica del ahora ministro de Justicia Anibal Fernández para quien de lo que se trata no es de reprimir sino de contener, tendremos bastante de que ocuparnos. Ademas de poder poner en sintonia y/o corcoticuito -según como corresponda- tantas lecturas y enfoques
Referencias
Entrevista a Rosanvallon por Mario Wainfeld y Fortunato Mallimaci
Comprar La Contrademocracia en Prometeo a $49
Entrevista de Luisa Corradini en La Nacion
En un verano rantifuso y poco simpatico les decimos bye hasta mañana AP.

Bienvenido a






Comentarios