Interlink Headline News Nº 4725 del Lunes 7 de Enero
EDITORIAL EL SCHINDLER DE NANKING Segunda y ultima Parte
La invasión japonesa le sorprendió en Nanking, entonces capital de China, donde los japoneses iniciaron los bombardeos en el verano de 1937. Casi todos los extranjeros, incluida la familia de Rabe, abandonaron la ciudad. El 13 de diciembre de 1937 los japoneses tomaron la capital y desencadenaron la matanza calificada como el holocausto de Nanking. Los extranjeros que se quedaron, pastores protestantes estadounidenses, médicos de hospitales y algunos hombres de negocios como Rabe, decidieron constituir una zona de seguridad para salvar a la gente de los ataques japoneses. Se creo un comité que eligió a Rabe como una especie de alcalde y jefe de seguridad, tal vez por su condición de nazi, que le dejaba en mejor posición negociadora ante los invasores. Japón había firmado con la Alemania nazi, en noviembre de 1936, el Pacto Antikomintern.
Siemens le dio un empleo bajo en Alemania, y después de la guerra lo detuvieron primero los rusos y después los ingleses, acusado de haber sido jefe nazi en Nanking. Se mantuvo a duras penas en casa de su hija, en Berlín, en medio del hambre y la pobreza. Se alimentaban con sopa de bellotas y de ortigas y patatas, conseguidas a base del trueque con piezas chinas de arte. Al conocer su situación, desde China le mandaron paquetes de comida para sobrevivir, pero estos envíos concluyeron cuando en 1949 se impuso el régimen comunista de Mao. El 5 de enero de 1950, Rabe, el nazi bueno de Nanking, sufrió un ataque cerebral y murió ese mismo día en Berlín.
Todo este material esta contenido en el libro The Good Man of Nanking: The Diaries of John Rabe Alfred A. Knopf, New York, 1998. Como bien lo dijo Shakespeare hace siglos no hay que tenerle miedo a la grandeza. Algunos la tienen de nacimiento, otros la logran después de largo esfuerzo a otros se les cae encima, pero se la bancan. Ese fue el caso de Rabe.
Es muy difícil determinar la motivación ultima de Rabe traducida en una conducta que vista de lejos fue literalmente suicida, no solo en general sino en los varios encuentros que tuvo frente a soldados armados y enloquecidos que no tenían ningún empacho en decapitar, violar, atormentar, rociar con nafta o matar a civiles japoneses de cualquier modo, en cualquier momento y con un ahínco y ferocidad solo comparables con el que hoy los historiadores japoneses niegan todo lo ocurrido (como el gobierno turco lo hace con la masacre armenia, o como los serbios con la Bosnia).
A veces adujo razones mundanas, otras las suyas fueron mas nobles. Se sabe de su temeridad y valentía en momentos terribles, y lo que mas llama la atención en su escritura es la precisión y el detalle al punto de ponerle hora y minutos a un ajusticionamiento o de describir con un detalle entre truculento y siniestro a chicos bayoneteados, a cabezas de adolescentes partidas en dos a golpe de katana. A veces los japoneses se metían en la zona de seguridad y mataban chinos al voleo. Cuando se enteraron de que Rabe mantenía un conteo de los fusilamientos acudieron a las bayonetas mas silenciosas y menos detectables.
Quizás el argumento que mas lo autoconvenció de seguir en el lugar de la masacre fue el de querer ser un testigo privilegiado, un sostén de la memoria, la garantía de que lo que pasó allí jamas sería olvidado de la memoria de la humanidad.
Como dijimos antes Rabe murió en 1950 pobre y desamparado y prácticamente de hambre. Y sus diarios jamás fueron vistos por ojos algunos hasta que una sorprendida hija se enteró de su existencia en 1996 (y encima de que estaban en su posesión) gracias a una nota periodística. Dicho y hecho. Apenas fueron publicados los dos bandos en pugna llevaron al plano historiográfico las diferencias de perspectiva sinconmensurables. Katsuichi Honda, que ha escrito prolíficamente sobre estos temas y el Centro Simon Wiesenthal empeñó su enorme prestigio moral e influencia para asistir a las víctimas de Nanking. En el bando opuesto el alcalde Tokyo Shintaro Ishihara hizo lo imposible para denostarlos y sus seguidores no tuvieron empacho en destrozar la pantalla de un cine de esa ciudad impidiendo pasar una película sobre la tragedia de Nanking.
Destino contradictorio ea de este hombre. Mas aventurero y zarpado que el de la mayoría de nosotros. Nada ver con el protagonista loco de Nitro, una película que vimos en DVD ayer, que por amor y necesidad de transplantarle el corazón a una mujer secuestra y asesina a un policía infiltrado en la mafia quebequois. Desde Bosque Real les decimos bye hasta mañana AP.


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