Interlink Headline News Nº 4661 del domingo 4 de noviembre de 2007
EDITORIAL VIDAS DE NOVELA Y NOVELAS DE VIDA. JAMES DRESNOCK Y LA SAGA DE LOS TRANSFUGAS EQUIVOCADOS Primera Parte de Dos
Lo insólito nunca termina
Cuando no hace mucho nos topamos con el japonés que había bombardeado los bosques de Oregón, nos pareció haber llegado al colmo de lo insólito. Recurriendo a la siempre omnipresente categoría batesoniana de pauta que conecta nos pareció entrever un hilo invisible que ligaba a ese personaje insólito con los combatientes filipinos o japoneses perdidos en alguna exótica isla del Pacifico, que durante mas de 40 años habían creído (o no había podido dejar de estar) seguir estando en guerra.
Quizás porque pertenece al mismo clima de época y aunque pudimos haber imaginado algún caso de este tipo, entreabriendo los ojos en el viaje de Buenos Aires a Miami me pareció ver un documental acerca de un soldado norteamericano desertor durante la Guerra de Corea, que habría cruzado un campo de minas, se habría entregado al enemigo y curiosamente en vez de ser abatido o encarcelado habría vivido una vida de novela en Pyonyang, capital hasta hoy de Corea del Norte.
Gentileza de Google me enteré a las pocas horas de que no se había tratado del trabajo del sueño, sino que efectivamente un grupo de cineastas ingleses habían encontrado a mediados del año 2004 a un desertor norteamericano que había cruzado la zona desmilitarizada en 1962 y que estaba muy feliz de haberlo hecho, 40 años mas tarde.
Pero mientras que en ese momento se trataba tan solo de una intuición y del deseo de filmar una historia insolita por parte de Daniel Gordon & Nicholas Bonner, la historia del Pvt. James Dresnok nacido en Norfolk, Virginia, quien abandonó el ejercito norteamericano en Agosto de 1962 a los 21 años terminaría convirtiéndose en una historia televisiva hecha y derecha.
Crossing the Line
Ver la película en otro vuelo por segunda vez me confirmó lo extraordinario del hecho. Porque Dresnok no fue el único desertor, hubo al menos tres mas de los cuales el mas llamativo -los otros dos ya murieron y éste último se exilió en Japón- fue el de Charles Jenkins, que merece otra película aparte.
Para sorpresa primero de los cineastas y después de nosotros los televidentes, la historia de estos dos personajes es novelesca cuando no quijotesca. En vez de torturarlos o matarlos, los alimentaron y cuidaron -siendo que en un momento un millón de coreanos murieron de hambre. Los convirtieron en traductores de las obras del presidente y en profesores de inglés para las tropas norcoreanas. También en actores en el caso de Dresnock, que hizo de rudo y malo (a lo John Wayne al revés) en películas patrióticas y de lavado ideológico.
Gran parte del interés de esta reinvención fílmico/histórica consiste en su categorización de Dresnok & cía como “tránsfugas equivocados”, aquellos que huyeron para refugiarse en el “imperio del mal”, fundiéndole los plomos a la propaganda del “mundo libre”.
La historia de Dresnok & cía es el tercer documental interesante de esta pareja sobre Corea del Norte, donde han trabajado con mucha más libertad de lo que se podría suponer. Como bien dice el periodista español Rafael Poch su película es una prueba más de que hay vida, sustancia humana, más allá de la teología y del maniqueísmo propagandístico.
Corea del Norte bien vale una misa
En 2002 Daniel Gordon & Nicholas Bonner rodaron “El partido de nuestra vida”, que es la historia del memorable campeonato mundial de fútbol de 1966 en Inglaterra, en el que la selección norcoreana descalificó nada menos que a Italia. Dos años después, en 2004, rodaron “Un estado mental”, que sigue la trayectoria de dos gimnastas y sus familias que se preparan durante ocho meses para participar en los “Juegos de masas”, la gran coreografía nacional ejecutada anualmente para el “querido dirigente”, Kim Jong Il, en la que participan hasta 100.000 personas. Gordon cree que la adoración de los norcoreanos por su dirigente “es muy genuina”, una impresión corriente entre quienes han visitado el país.
Je por lo que se vé hay que repensar bastante esta idea de la manufactura del consenso y del lavado de cerebro. Así como en el cristianismo no está demasiado claro si se peca con el acto o ya el pensamiento innoble merece la categoría de tal, con la manipulación de las conciencias parecería pasar algo semejante. Si la gente adora a Kim Jong Il, (o a Fidel, o a Peron) ¿es porque le lavaron la cabeza o porque su corazón así lo siente? Hay que rever las tesis populistas especialmente como bien lo hace Ernesto Laclau para resignificar estos hechos y adhesiones contra natura (según la teoría política convencional).
Un poco alérgico/resfriado y viendo el mar Atlántico desde un 10 piso les digo bye hasta mañana, en que volveremos a Buenos Aires via Miami. AP.

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