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Interlink Headline News Nº 4655 del Lunes 29 de Octubre de 2007

EDITORIAL SORPRESAS TE DAN LOS VIAJES. ATRAVESADO POR LA FASCINACION DE PATZCUARO

30 años de mexicanismo

Hace exactamente 30 años que voy a México. Mi primer aterrizaje fue en el lejano 1977, cuando después de una estancia maravillosa en Binghamton, cerca de NY donde conocí a Francisco Varela, llegué para visitar a mi querida amiga Ana Jaramillo a quien me crucé en una cena presidencialista hace un par de semanas.

Desde entonces habré ido por lo menos 30 veces mas. Curiosamente son muy pocas las ciudades que conozco de México, todas muy cercanas al DF. Las obligadas son Cuernavaca, Tepoztlan, Taxco y Puebla -adonde estuve mas de una vez. Mas alla solo conozco a San Luis Potosí, Monterrey y Acapulco siendo que ahí hay mas de un par de decenas de lugares que no pueden ser ignorados.

Pero al igual que Buenos Aires el DF es un imán demasiado atractivo, y siendo que los últimos viajes han sido casi siempre relámpago -en este apenas pase 2 días en territorio mexicano- cada vez es mas lo que me pierdo que lo que realmente conozco.

Por eso cuando me invitaron a la reunión del XXIII SOMECE en Morelia, ví una excelente oportunidad de expandir mi radar geográfico mexicano. Como me convencieron de que Morelia estaba muy cerca de la capital viajamos en una combi. Pero no era tan cerca (unos 330km, un poco mas que Rosario desde Bue y por suerte volvimos en un avioncito de 30 plazas de Aeromar), nos atrapo un gigantesco embotellamiento en el camino a Toluca y por mas que la autopista era realmente espléndida, entre pitos y flautas tardamos 5 horas.

Siguiendo de largo camino a la felicidad

Aunque seamos sinceros. Lo que pasó es que no paramos en Morelia sino que seguimos de largo porque nuestros anfitriones nos habían preparado un almuerzo en una Posada restaurante de ensueño La Basílica en el centro histórico de Patzcuaro.

Jamas había oído hablar de este pueblo y mucho menos de Janitizio (”cabello de Elote”), una pequeña islita alojada en el lago de Pátzcuaro. Pues bien rara vez el desconocimiento pudo ser mejor retribuído. Muchas veces nos hablan de un lugar turístico, somos encandilados por la mercadotecnia apoyada en fotos que aunque realistas parecen photoshopeadas, y al llegar al lugar de destino la decepción es la norma y la muerte del entusiasmo la costumbre.

Como no esperábamos nada de este viaje en términos turísticos (aunque hay quien dice que Morelia es bellísima y habrá que volver a visitarla pronto), todo lo que encontráramos habría de ser bienvenido. Solo que lo que finalmente nos golpeó superó grandemente cualquier expectativa si la hubiésemos tenido. Por mas alta que fuera.

Aparentemente Pátzcuaro no es muy distinto de muchos otros pueblitos mas o menos cercanos al DF en donde sobresalen las artesanías locales, las casa bajas y simpáticas, una plaza atravesada por bares y lugares de encuentro. Puede ser. Pero en este caso hay una magia muy especial.

Desde los letreros con iniciales rojas, hasta las artesanías orientadas hacia el día de los muertos que fue este pasado viernes, hasta las campañas políticas adornadas por decenas de indias que aburridas de todo asombro se molestan con la posibilidad de que las fotos les quiten el alma (o el copyright de sus productos como nos dijo una muy asustada por los artesanos que practican la ingeniería reversa de nacionalidad china y japonesa) pasearse un domingo a la tarde por Patzcuaro es una experiencia inolvidable.

La casa de los 11 patios

Uno de los puntos culminantes de la travesía fue la visita a la casa de los 11 patios, un antiguo convento domínico gigantesco construido a mediados del siglo XVIII, que hoy alberga decenas de negocios de artesanías donde nos sorprendieron algunos artistas que pintan a la laca pero sobretodo con una técnica que usa los dedos como pinceles y que genera productos inolvidables.

No sé que extraña lobotomía epistemológica llegó hace siglos a dividir el arte en mayor y menor. En alto y popular. En artistas y artesanos. Porque cuando vemos el primor con que estos nativos dedican décadas de su vida a dibujar y a ilustrar con una parsimonia digna de la mejor slow culture estas obras que después son fagocitadas por la pasión consumista turista, la neurona se fija y se dispara un nuevo tema para pensar (García Canclini le dedicó Arte popular y sociedad en América Latina, Grijalbo, México, 1977 una obra memorable a estos temas en los inicios de su exilio mexicano).

En particular me impresionó
un plato de un pavo real, que requería un trabajo de 80 horas para adquirir su fisonomía definitiva para ser vendido por la friolera de 300 dólares a un costo -por hora equivalente a un sueldo de un empleado junior de McDonalds. Lo que se dice comercio justo ¿no les parece?

Caminamos un largo rato por las calles empedradas de Patzcuaro, encontramos carteles pintorescos y rostros curtidos. Asistimos a un borrador de mitin politico y no nos olvidemos del exquisito restaurante La Basilica donde ubicados en un panorámico segundo piso, disfrutamos mas de una decena de comensales de la potencia -margaritas y tequilas a granel- de la comida mexicana (aunque el de Jalapa en Buenos AIres sigue siendo mi margarita preferido, aunque el de Taco Bar de la Calle Soler no esta tan mal.

Contar, husmear, sentir, compartir

Pero como en muchas otras experiencias contar difícilmente transmita los goces y el disfrute del flaneur latinoamericano, la alegría de mirar y gozar de los colores y los formatos, el placer infinito de recorrer México palmo a palmo.

No hay duda de que este país mejor que muchos otros aúna lo viejo con lo nuevo, lo trivial con lo sagrado, lo espectacular con lo profundo. Y si nos dolió mucho irnos al poco rato de Patzcuaro y no haber podido ver ni siquiera uno de los lugares de la bell Morelia, mas nos dolió saber que este pasado viernes centenares de barcas, piraguas, y cualquier objeto que flota salieron de un puertecillo en Patzcuaro en dirección de Janitzio para festejar a todo trapo el día de los muertos. Esa si que fue una buena chingada.

Ah si la pelicula de la bella adolescente que vi el otro día era Nancy Drew y el Misterio de Hollywood con Emma Roberts dirigida por Andrew Fleming. Un solo detalle empañó el final del viaje. Mi adorada PowerBook 12″ se enloqueció y se cuelga inesperadamente dando un feo error de sistema OS X. Supongo que habrá que reinstalarlo, si es que no se trata de un erminal error de hardware. No tengo idea. Bye ahora si preparado para ver una nueva película en vuelo.

Nuevamente en el aire, esta vez camino a casa con la rara casualidad de que en ambos casos viaje de día les digo bye AP.

En: Editoriales — Octubre 29, 2007

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