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Real Academia de famosos

Expresiones creadas por nuestras celebridades que pasaron a formar parte del vocabulario colectivo. Glosario desopilante.

Por Sandra López Maidana
Revista Noticias

Son frases o expresiones que remiten a la personalidad que la dijo, sea de su autoría o no, pero de innegable referencia. ¿En quién más se podría pensar ante “¡Qué noche, Teté!”, “Si querés llorar, llorá” o “Say no more”? No se las puede menoscabar dejándolas en la categoría de los clichés, ya que han trascendido el tiempo, las modas y hasta su propio significado, pero siempre estarán presentes en la memoria colectiva. Se trata del código instaurado por el universo de la televisión compuesto por fonemas de distintos orígenes, con sus propias leyes gramaticales y acepciones.

Los turistas que vía devaluación supimos conseguir, no sólo deben venir munidos de su “phrase book” y su mapa. Si también quieren aventurarse y acceder a la televisión vernácula, deben tener a mano el Diccionario de la Real Academia de Famosos del que presentamos un fragmento ya que la enciclopedia se sigue escribiendo día a día. ¿Qué estará diciendo Moria Casán en este momento, para continuar engrosando su contenido?, “¡qué buena pregunta, Mario!”.

La caja (no tan) boba. No se sabe quién la definió por primera vez como una caja boba, pero lo cierto es que no fue siendo corta de entendederas como generó su propia atmósfera y logró que todos vengamos con un coaxil umbilical que parece ser más difícil de desconectar que el otro, el que tratamos a fuerza de psicoanálisis. ¡Ah bueeeno!, diría Tinelli, y la expresión se diseminó como la soja por los campos argentinos.

“¿Qué gusto tiene la sal?”, preguntaba Carlitos Balá hace 40 años, y si bien el público infantil (y no tanto) parecía darle la respuesta correcta, jamás dejó de formularla. Algunos años atrás, Pepe Biondi acuñó la onomatopeya “Patapúfete” y con su porteño “Cheee”, José Marrone pedía un poco de paciencia, aunque la perdía cada vez que clamaba “Juanita, ¡preparame los ravioles!”.

Los registros de la memoria colectiva comienzan a ser cargados desde nuestra más tierna infancia y terminan junto con la vida misma. Nuestro disco rígido viene con tanta cantidad de información que uno siempre se pregunta ¿por qué no hacer back up? Imposible, esas expresiones ya forman parte del adn nacional y popular.

El saludo “¿Qué hacé tri tri?” o comentar que “es una lucha”, no podrían ser traducidos a idioma alguno sin aclarar que se trata de frases de profunda raigambre en la cultura televisiva.

El guión de las divas. Si se quiere seguir el diálogo natural y decontracté de las más pulposas de la farándula, se tiene que saber que en televisión, nada es lo que parece. Saludarse con besitos (si son dos, mejor) sin ahorrar efusividad, no quiere decir que se conozcan ni, mucho menos, que se aprecien. No importa que haya engordado, que el botox no se le haya asentado o que ese vestido le hubiera quedado mejor a su hija, siempre estará “divina” (con la segunda i estirada). Las peleas en cámara también corren por el carril de la sutileza, por más que se hayan enrostrado las más pesadas verdades, siempre la frase terminará con un “mi amor” (con la o estirada).

Susana, así a secas, se ganó el derecho de no usar su apellido, y también el de crear su propio idioma. En “gimenezco”, se puede decir “ídola” o “dioso”.

Nuestra Nazarena, no es la versión femenina del enviado del Señor, pero sí una enviada del patriarca de la revista, a quien ella jamás mencionará de otra manera que como el “Señor Gerardo Sofovich”, sin excepción. La verborrágica Vélez no es reconocida por una frase cliché, pero sabe cómo poner el “seyyo” en todo “aqueyyo” a lo que se refiera de manera inconfundible.

Para demostrar que no son sólo una cara y un cuerpo bonito, las más bellas lanzan consignas de las más variadas. “Qué beio!”, dice la venezolana Catherine Fulop ante todo lo que se presente, porque lo importante es marcar su aporte cliché al diccionario, pero “que quede a tu criterio”, el significado que se le quiera aplicar, según Karina Olga Jelinek.

Silvia Süller podría ser una Mae West porteña, aquella que inmortalizara la frase “las chicas buenas van al cielo, las malas, a todos lados”, cuando afirma que “los chocolates engordan, las flores se marchitan pero las joyas duran toda la vida”, porque “billetera mata galán”, aseguró un tal Winograd no tan reconocido por su nombre como por su mote comestible.

Hazte fama… y todo vendrá como consecuencia. Se dice que las palabras son decretos (”cómo estoy, uuuh!”, diría Albertario), por lo tanto hay que tener especial cuidado en cómo se emplean. Wanda Nara “es una nenaaa” según Francella. Con sutil desenfado, la rubia acuñó la muletilla “soy tan vulgar”, hasta que le jugó en contra, luego de que una cámara diluyera los límites de lo público y lo privado.

Quién no tiene miedo a la sobre-exposición es la autora de “Este año me retiro”, que ya no le cree nadie, y sin embargo es una de las personalidades de mayor credibilidad del medio. ¿Problemas de personalidad mediática? Por supuesto, es la sal del diccionario de los famosos: su contradicción, decir una y otra vez lo mismo y también lo contrario porque “el público se renueva”. “Lo digo o no lo digo”, y al final lo dijo: Mirtha Legrand, la diva de los almuerzos, siempre es tan impecable, que ni el exabrupto “¡Carajo mierda!” lanzado fuera de cámara pudo socavar su imperio. Muy por el contrario, la frase se transformó en un clásico que muchos jóvenes pintan en paredes y remeras con stencil, y un grupo de rock alternativo lo tomó como nombre. Una consigna de guerra tan solo compatible con “Hasta la victoria, siempre”.

Pequeño Moria Ilustrado. La Casán requiere un diccionario aparte. Cada vez que la monumental vedette se presenta frente a las cámaras, no queda otra que prender los grabadores o anotar rápidamente, para no perderse de una nueva definición que puede resultar otro clásico. Moria tuvo razón cuando denunció que “Se cuelgan de mis lolas”, en referencia a la oportunidad que aprovechan figuras de menos brillo escénico para lograr sus “quince minutos de fama” y a quienes ella repele con el “no te registro, te vas, te vas y te vas”. En muchos casos, sus frases permiten definir tanto mejor una situación que con el módico diccionario de la Academia Española, que para empezar, es extranjero. Hacer un “touch and go” con el “Sex toy” de turno, “mejor, me perjudica”. Y si nada de eso surte efecto, “si querés llorar, llorá”, frase que se dice que la diva registró bajo derecho de autor.

Dícese de “Argentino”: todo despreocupado ser que aconseja “vos fumá”, porque “cuando subís al ring, hasta el banquito te sacan” y sólo “paso a paso” “digo, de pronto, me parece” se logra saber que “la base está” y entonces, “chán!” ya “Say no more” y “lo dejamos ahí”. porque “con seguridad” “la casa está en orden” “por lo menos así, lo veo yo”, entonces, “vermuth con papas fritas y ¡good show!”.

http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=624&ed=1602

En: Citas, Espectáculos y Bellas Letras, Humor — Setiembre 29, 2007

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