Palabras
Descubrir la auténtica bondad es algo que se logra a partir de vivencias muy simples.
No estamos hablando de lo bien que se siente uno si gana una fortuna, o termina su carrera universitaria, o se compra una casa nueva, sino de lo que hay básicamente de bueno en estar vivo: algo que no depende de nuestros logros ni de la realización de nuestros deseos.
Es una bondad de la que continuamente tenemos indicios, pero con frecuencia no llegamos a reconocerlos.
Cuando vemos un color muy bello, somos testigos de nuestra propia bondad intrínseca. Cuando escuchamos un sonido melodioso, estamos escuchando nuestra propia bondad fundamental. Cuando salimos de la ducha y nos sentimos frescos y limpios, o cuando salimos de un ambiente sofocante y agradecemos la bocanada súbita de aire fresco que nos recibe. Son sucesos que pueden durar una fracción de segundo, pero son auténticas experiencias de bondad. Están sucediendo continuamente, pero por lo común las ignoramos, considerándolas triviales o meras coincidencias. Sin embargo, vale la pena reconocer y aprovechar esos momentos porque nos revelan esa bondad fundamental, que es la base de nuestra vida. Todo ser humano tiene una naturaleza básica de bondad, que no sabe de dilución ni de confusiones, que tiene un contenido inmenso de aprecio y ternura.
Chögyam Trungpa (1939-1987) nació en el Tíbet, fue monje budista, maestro de meditación y fundador del instituto Naropa, un centro de estudios humanísticos. Presentamos un fragmento de su libro Shambhala, la senda sagrada del guerrero.

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