Interlink Headline News Nº 4586 del Martes 21 de Agosto
EDITORIAL ADIOS A SILVIA. LA INTERRUPCION DE UNA RECONCILIACION TAN NECESARIA COMO DIFICIL Primera Parte de Dos

“Los intelectuales deben ceder los pensamientos, pero no la máquina de pensar”
Todo lo sólido se desvanece en el aire.
La genial descripción del fin de una era y el advenimiento de otra que pertenece al inescrutable Karl Marx y fue venteada por la intelectualidad postmoderna gracias a su reapropiación por parte de Marshall Berman, se va lentamente trasvasando a nuestra cotidianeidad letrada -tanto a nivel nacional como internacional.
Hace una semana murieron con apenas 24 horas de intervalo Michelangelo Antonioni e Ingmar Bergman. Nunca hemos hecho en este News un detalle de los grande inventores de las formas de pensar, narrar, diseñar, intervenir y ayudar a entender el mundo que hemos perdido en los últimos 12 años, pero sin extraviarnos en el inventario, comprobamos que inexorablemente se van yendo los mejores, los mas lúcidos, los inmarcesibles, aquellos que escapan a cualquier clasificación y que jamás transaron con los poderes establecidos pero mucho menos claudicaron en sus visiones y misiones juntando con una habilidad única la teoría con la praxis.
En la Argentina donde hay tan pocos que piensan y hacen -y donde sobran los funmdamentalistas de todo tipo incluyendo a los repúblicanos- hace 3 años perdimos a Ignacio Lewkowicz, un teórico de fuste que tenia muchisimo aun que dar y de quien en estos días estamos asistiendo a la publicación póstuma de.. (Ver Editorial del ILHN nº 3352 Una infausta noticia mueren jóvenes y productivos Ignacio Lewkowicz y su mujer Cristina Corea )
La semana pasada fue el turno de Silvia Bleichmar, una psicoanalista de teorías tomar quien cayó a manos de un cáncer en su plenitud. Porque la plenitud se dice de muchas maneras distintas. En su plenitud (florecimiento le decían los griegos a quien recién desplegaba todo su potencial a los 40 años) estaba Ignacio, pero en su plenitud también estaba Silvia -con sus 62 años recién cumplidos- aunque su obra hubiese sido mucho mas frondosa y sus acciones mucho mas visibles y efectivas que las de Ignacio, aunque toda competencia en estos menesteres es absurda.
Inicio tardío, partida temprana
Conocí a Silvia en 1994. Me contactó para formar parte de un grupo de no psicoanalistas con quienes quería dialogar en plena expansión de la interdisciplinariedad. La propuesta era encontrarnos, charlar y bocetar ideas -en su casa de la calle Talcahuano que daba a la plaza Libertad del otro lado del augusto Teatro Colón-a ser presentadas en un debate publico que tendría lugar muchos meses mas tarde en el Colegio Nacional Buenos Aires.
Fue de la partida Martín Vul como coordinador y el evento que recorrió un espinel que rara vez se cumple en nuestras latitudes cumplió con todas nuestras expectativas y deseos. Los convocados fuimos Anibal Ford, Alberto Kornblitt, Ricardo Bernardi, Luis Hornstein, Francisoc Naishtat, Denise Najmanovich, Janine Puguet y Fernando Ulloa.
Mucha discusión previa, una excelente convocatoria, un lleno total de publico en la augusta Sala Magna, primera vez que la pisaba en mi vida. Mucha discusión y mucho interés del público y finalmente una excelente publicación Temporalidad, determinación y Azar. LO reversible y lo irreversible Paidós, 1994. conteniendo los 10 trabajos y exposiciones y un cuidadoso prólogo a cargo de Silvia, en donde lograba articular en forma vehemente pero bien lograda las necesidades de revitalizar el psicoanálisis a través de un diálogo crítico con otras disciplinas en particular las ciencias duras, la filosofía y la epistemología.
Para Silvia en el orígen de esta convocatoria yacían solo las nociones pre-interpretadas de azar, determinación, temporalidad, tales como aparecen en el mundo de la vida y el desafio de controlar las diferentes construcciones que dan ugar, desde las categorías y relevancias apuntadas por cada uno de los autores. El lector, por su parte, debería situar en su recorrido de los textos los multiples caminos y aires de familias por donde la problemática se amplía y profundiza.
Movida por la urgencia y la vehemencia hacía las preguntas que un psicoanálisis adocenado hacía rato que no quería escuchar: ¿podrá posicionarse el psicoanálisis como campo del conocimiento a la altura del siglo XXI?, ¿caerá, como la alquimia ante la química, frente al avance arrollador de otros continentes científicos?

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