KIRCHNER, FERNÁNDEZ, FERNÁNDEZ & ASOCIADOS.
Se parece a la lustrosa chapa de un estudio jurídico de prestigio. Son abogados, tienen trayectoria, están en los medios y siempre aparecen defendiendo a los imputados de los casos más resonantes. Lo curioso es que sus titulares son ni más ni menos que el presidente, la sucesora, el jefe de gabinete y su entorno más próximo.
Como muchos abogados hay veces que tienen que salir a defender lo indefendible con la mejor cara. Un punto que diferencia a este estudio de otros es que no hace falta que salgan a buscar casos: los clientes les vienen solos. Si bien al principio nunca pueden desatenderlos, cuando el tema empieza a sumar fojas en los diarios, le terminan recomendando un cambio de patrocinio en forma indeclinable. En caso de que resultaran ser inocentes, le tendrán que reclamar a Dios y a la Patria que son los que siempre demandan. Lo raro es que este encumbrado estudio hasta ahora no se ha dado cuenta que viene perdiendo todos los casos que por fuerza le toca atender. Dispone de las mejores instalaciones, presupuesto ilimitado, teléfonos, secretarias y abogados por doquier, pero sin embargo parece no encontrarle la vuelta a la relación con un gremio que es más fuerte que el de Moyano pero que parece empecinado en desatender. El líder camionero necesita cortar rutas, hacer paros, armar piquetes y llenar micros con despliegues monumentales de enardecidos afiliados. Un juez, quedó demostrado, sólo necesita una lapicera y una pizca de coraje pare generar cimbronazos de magnitudes impredecibles. Los jueces son un gremio de perfil bajo y tránsito lento. Los rencores se juegan a plazo diferido y quienes mejor lo saben son las segundas y terceras líneas permanentes y rotativas que buscan un lugarcito bajo el sol de todos los gobiernos. Con semejante experiencia, que se viene repitiendo secuencialmente en la historia reciente, evidentemente hay algo que no está funcionando. El gobierno se muestra exitoso en varios frentes y el de la Justicia nunca apareció en las prioridades de agenda. Más allá del cambio supremo y las desprolijas refacciones en el Consejo de la Magistratura, los tribunales parecen ser el incómodo patio trasero que hay que tener pero que no merece ningún cuidado. Ahora en época preelectoral se empiezan a dar cuenta que este frente desatendido genera más que un dolor de cabeza. El tema de las suborgancias con fecha de defunción fijada por la Corte, tendría un buen antídoto en la agilización de los nombramientos que el Poder Ejecutivo tiene en remojo en forma inexplicable. Un caso paradigmático es la primera instancia de los fueros Penal Económico y Penal Tributario. De los once juzgados (8 + 3), cobijados ambos por una misma cámara, cuentan hoy por hoy con tan solo 2 jueces titulares. Los otros 9 son subrogantes con plazo de caducidad a medida que vayan cumpliendo el tiempo que les resta, sin posibilidad de renovación. De sólo mirar los diarios se puede ver que los casos de mayor impacto mediático están en estos fueros diezmados: la valija del venezolano con dólares, Skanska, las armas de la ministra Garré, lo que queda de Southern Winds y el próximo aterrizaje en esa instancia de las sanciones de Moreno contra Shell & cía echando mano a la polémica Ley de Abastecimiento. Dos fueros tan chicos con causas tan grandes. Si a los jueces se les terminan las subrogaciones, si el Poder Ejecutivo no eleva los pliegos al Senado de las ternas que ya mandó el Consejo, si las cámaras y el Consejo no se ponen de acuerdo en quién convoca a los jueces jubilados, seguramente vamos a tener una generación de jueces a cuatro manos, en juzgados con cama adentro (¿tendrán franco los jueves a la tarde?).
Informe In Voce 12/08/2007
DiarioJudicial.com

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