Interlink Headline News Nº 4570 del Domingo 5 de Agosto
EDITORIAL SOLO QUEDA GODARD. EN 24 HS MUEREN DOS DE LOS 4 MAS GRANDES REALIZADORES EUROPEOS DEL SIGLO XX.
Ya no queda casi ninguno
Ya no está vivo ninguno de los grandes directores del neorrealismo y sus vecindades. Hace rato que han muerto Vittorio de Sica (1901-1974), Roberto Rossellini (1906-1977), Luchino Visconti (1906-1976), y mas recientemente Giuseppe De Santis (1917-1997). Tambien han desaparecido la mayoría de los grandes directores de cine italianos posteriores como Federico Fellini (1920-1993) Pier Paolo Passolini (1922-1975) y Sergio Leone (1929-1989).
Solo estan vivos Bernardo Bertolucci, algunos pioneros como Bava, Enzo G. Castellari, Umberto Lenzio, Marco Bellocchio y los mas recientes de la generación de Nanni Moretti.
Pero sin jugar al ranking de los famosos no cabe duda de que con la desaparicion de Michelangelo Antonioni esta semana a los 94 años -apenas 24 horas después de la muerte de Bergman- de lo que fue el cine del siglo XX, solo queda vivo el mas importante de todos, el mas innovador, el mas intenso y el mas inteligente, Jean-Luc Godard. Y aun así mucho se ha sembrado y quienes reinventen el cine y los nuevos formatos en el siglo XXI tendran bastante que abrevar en esa cosecha hoy en vías de desaparición
¿Cómo se crea un clima de época?
¿Quee hace de alguien un faro? ¿Quién es un baremo? ¿Quién inventa climas y épocas? ¿Porqué quedamos incrustados en esos atractores convertidos en compuertas evolutivas, donde todo es distinto antes y después? El cine nunca será lo mismo con que sin Bergman. Y lo mismo puede decirse de antes y después de Antonioni.
La trilogia de los sentimientos conformada por La aventura, La noche y El eclipse premiadas en los festivales de Cannes y Berlín, y despues El desierto rojo, fijaron para siempre la década del 60 como ese momento de choque en que justo Europa se rehacía a si misma, la cinquecento de Fiat (que hace pocos dias cumplió su cincuentenario y fue reinventado bajo el nuevo modelo de Harald Wester) marcaba un futuro de riqueza material sin precedentes-y difícil de deigerir- para un continente desvastado por la guerra y la locura y al mismo tiempo prometía un paraíso de incomunicación que Antonioni -a su modo-
Antonioni cuestionó al neorrealismo, no fue un cineasta prolífico, apenas 16 largometrajes y otros tantos cortos a lo largo de seis décadas de trabajo pero a fines de los años ’50 y comienzos de los ’60 propició el ingreso del cine a la modernidad.
Abucheo y consagración
El inicio de su consagración fue paradójico. La primera presentación de La Aventura terminó con público y críticos abandonando por igual la sala a modo de sonora protesta. Tanto Antonioni como Monica Vitti su musa de entonces y de siempre supusieron haber llegado tempranamente al final de sus carreras artísticas.
Esa misma noche Roberto Rossellini y un grupo de directores de peso redactaron un manifiesto que sería elevado a a la prensa al día siguiente en donde defenderian a rajatabla la novedad estética de La Aventura, cuestionando de este modo tanto a la crítica como a los espectadores incapaces de soportar la novedad del lenguaje cinematográfico de Antonioni.
Antonioni no estaba interesado en examinar los lazos de los personajes con el ambiente sino que quería bucear dentro suyo, para ver de todo aquello que habían atravesado –la guerra, la posguerra– qué había quedado en ellos, saber cuáles eran no ya las transformaciones de su psicología y de sus sentimientos, sino los signos de esa evolución.
Como lo dije el otro dia de las obras de Bergman, las mas clásicas no me marcaron como a otros contemporáneos y especialmente a quienes tienen 10 años mas que yo. La angustia, la alienación, la necesidad de llenar el vacío con conversaciones interminables, la sensación de creer que esa época fue la mejor época de la historia y de que quienes teníamos 20 años allí éramos el centro de la existencia y de su forma de tematizarla nunca caló tan hondo como para creer que allí esta(ba) la pepita de hora que permitiría entenderlo todo.
Comprender algo, incomprender el todo
Por eso prefiero junto a algunos comentaristas actuales ver en el cine de Bergman (que por otra parte detestaba a Antonioni), en el de Antonioni y en el de todos esos grandes un registro del espíritu de una época, la diagnosis casi antropológica de un determinado momento y de una determinada generación. No es poco, pero no es para nada ese diamat que muchos nostálgicos buscan aun hoy, alli y en otras partes.
Por eso hay quienes insisten -y coincido con ellos- en que lo mejor de Antonioni no es su mensaje, su desesperante búsqueda del sentido, su exaltación de la incomunicación, sino lo mas típicamente cinematográfico suyo que es la sensibilidad de la mirada, su capacidad de “esculpir en el tiempo”, célebre idea de Andrei Tarkovski que tanta tanto conviene recuperar.
Para Luciano Monteagudo esto se ve en el uso del color en El desierto rojo, en la duración perfecta de los planos que convierten al film en un objeto estético autónomo, mas alla de todo mensaje y de toda consigna fundando una modernidad que Roland Barthes saludó en 1980 año de su muerte, como la deteccion de una dificultad activa para poder seguir los cambios del tiempo,.
Los Antonionis de c ada cual
“Mi” Antonioni es mucho mas tardío. Paso obviamente por un gusto mas que grande por Blow Up (1966), filmada en el swingin’ London de la época -que yo alcancé a ver en sus postrimerias en 1969, a partir del relato Las babas del diablo, de Julio Cortázar, ganadora d la Palma de Oro del Festival de Cannes.
También me gustó mucho en su momento Zabriskie Point (1970) cuando yo también estaba descubriendo al mismo tiempo que él los movimientos contraculturales que agitaban a la juventud universitaria de Estados Unidos mientras él se imaginaba el estallido de la sociedad de consumo que no pasaría obviamente
Tambien me encantó El pasajero (1974), con Jack Nicholson y Maria Schneider (que me habia enloquecido en El ultimo Tango en Paris, aunque aquí comenzaba su decadencia- en donde desplegaba una reflexión sobre la disolución –psicológica, histórica, social– de la identidad.
No vi ni me preocuparon las obras mas tardias de Antonioni como El misterio de Oberwald (1980) o Identificación de una mujer (1982).
A diferencia de Bergman el final de Antonioni, fue de decadencia y algunos insistieron en que Enrica Fico, su última mujer, -una especie de Maria Kodama- que hablaba y decidía por él, fue una influencia negativa.
El ataque cerebrovascular de 1985 que lo dejó con serios problemas de habla y movilidad, apenas le permitió diez años después concretar su último largometraje, Más allá de las nubes, en colaboración con Wim Wenders y la participación amistosa de la pareja que había protagonizado La Noche, Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau.
Fue un arquitecto y un hombre de fortuna que dedicó su vida al cine pero que se tomó la vida con parsimonia y cierta dureza. Que obviamente no gustó del modo en el que el mundo se fue reconfigurando y que en otro en cual no hubiese habido películas, según el mismo dijo, tendría que haberlas inventado.

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