Interlink Headline News Nº 4553 del Jueves 19 de Julio
EDITORIAL BURBUJAS. Editor invitado Mario Lucas Kiektik. Post original
En dos días me leí “Redes, burbujas y promesas. Algunas reflexiones críticas acerca del proyecto Sociedad de la Información y la nueva economía” del colega Diego de Charras, una interesante visión que fue premiada como una de las mejores tesinas de la Carrera de Ciencias de la Comunicación.
Si bien entiendo que buena parte fue escrita antes del 2002 y que podemos concederle que no podía adivinar toda el agua que pasaría debajo del puente en este último lustro, existe un post scriptum con alguna información actualizada respecto a las últimas megaconferencias donde se ha discutido el asunto a nivel internacional.
Diego y yo sabemos que nuestras visiones del asunto no comulgan precisamente. Mi tesina del 95 (que también mereció un 10 pero de parte del Beto Quevedo), aunque se refiere también al impacto en y de las tecnologías de la información, está mucho más desactualizada y además su edición online incompleta.
Yo he perdido el original e inútil sería ponerlas a la par: su trabajo ha sido muy bueno.
Pero voy a ir al grano o a los granos que han saltado de la lectura en caliente, quizás algunos de ellos merecen un período de sedimentación y una discusión personal que ojala nos demos.
Dejemos de lado de entrada, para apaciguar la lectura, algunas consideraciones que el autor o su mentor, el hincha de Nueva Chicago y director de la Carrera Guillermo Mastrini se habrán hecho al entusiasmo del trabajo en marcha; por mencionar alguna: “solo desde la recuperación de la tradición crítica… podrá realizarse un aporte”.
Es sin duda una sana confianza en el propio trabajo, pero con la salvedad de que nunca ha llevado a nada bueno el autoelogio. Como si los psicoanalistas dijeran “solo el psicoanálisis…” y así seguiría la fila…
Vamos al libro en sí. La hipótesis general es que conceptos como “Sociedad de la Información”, “Redes” (sic), “Nueva economía” y otras constituyen mitos o un mito que encubre una situación material concreta y por supuesto opuesta, porque después de todo esa es la función de los mitos.
Lamentablemente nos informa que la “biotecnología” es también un fetiche de la literatura social apologética y que para colmo profundiza el escándalo mitológico.
Desde ya aclaro que mi posición es, respecto a este punto, radicalmente distinta y que incluso creo que posiciones como la de Charras pueden conllevar la irresponsabilidad de que los conocimientos en estas áreas claves para el país se vean tan atrasados, pero esa es otra cuestión, porque no se la explica en el libro ni corresponde al tema de este posteo.
Volviendo al asunto principal del libro, en realidad, según el autor, la red o Internet es una “industria cultural” que, mas allá de salvedades, debería ser analizada como toda industria, a saber: desde la economía política, desde la “funcionalidad de la estructura” (?), profundizando la relación entre conceptos como propiedad, clases sociales y poder.
Porque según Charras, dado que la tecnología opera prácticamente convirtiendo fuerza en producción e ideológicamente imágenes en valores autoreferenciales, es que Internet es solo analizable dentro del modo de producción capitalista (industrial), ya que en sí misma no constituye por si un elemento innovador del status quo productivo.
Pues bien, definido así los puntos de partida, efectivamente no habrá ya mas recorrido que el que ilumina la línea del texto, al punto de que ni Castells podrá bifurcar o torcer apenas la traza prestablecida desde el principio.
Los problemas o costos inmediatos de esta matriz son al menos dos: primero se deberá dejar de lado todo material empírico contrario o inconsistente y luego habrá que olvidarse de cualquier singularidad respeto al material investigado, porque nada aportaría nada, eventualmente, al cambio de la funcionalidad de la estructura, como dice el autor, salvo la ruptura radical con el modo capitalista (industrial, repito) que se critica.
Por ejemplo se dice que hay muchos analfabetos, cosa que todos lamentamos, sin embargo ¿no fue el alfabeto una de las herramientas mas formidables para construir el capitalismo que el autor ataca? Cómo se hubieran integrado al consumo y al disciplinamiento social generaciones enteras? Pero más aún ¿Cuando se dijo que la Web se construía para remediar ese asunto?
Quizás la biotecnología, la soja transgénica y la estela de ideología que destilan no sean del gusto de Diego, pero quien dijo que estas teorías “proféticas” han agudizado las brechas, la injusticia y el hambre? Hasta donde yo entiendo el problema de la soja es ecológico pero Dios nos libre de que baje el precio de la soja!
Creo que hay que ir despacio con algunas analogías y contigüidades, porque se corre el riesgo de decir que la disminución de la tasa de natalidad se debe a la cacería indiscriminada de cigüeñas.
Se dice que hay distribuciones injustas de todo tipo y acá y allá se lo conecta con Internet, que no solo refleja como un espejo la situación, sino que la agudiza. Pero como lo probamos? Yo llevo muchos años en los cibers a todas horas y si bien el asunto ha merecido investigaciones financiadas, puedo decir que el acceso en las grandes ciudades a Internet no es clasista, como tampoco lo es la tecnología celular.
Podemos estar de acuerdo que el capitalismo ha performatizado los modos de precarización laboral, mi experiencia personal así lo atestigua, pero… Cómo conectar eso con la existencia de la Web?
Para Charras lo que cuenta es la concentración y la explotación de los trabajadores de contenidos, pero no explica que hacen millones de personas jugando al Counter Strike, chateando, leyendo diarios, acordando agendas o desarrollando software colaborativamente (por mencionar solo algunas puntas) sin cobrar un peso ni pidiéndoselo a nadie.
Que las cosas se concentran no hay dudas, pero no solamente el capital o la injusticia. En la isla de Pascua, en la Rusia stanilista o en la zarista, en las primeras comunidades cristianas o charruas y hasta entre Robinson Crusoe y Viernes se establecieron matrices de distribución asimétrica, con lo que ponerle todo el saco al capitalismo industrial es correcto, pero limitado y llevado al extremo es inexacto.
Voy a dar mis apuradas opiniones, en formato blog y espero que en la medida que podamos seguir discutiendo surjan nuevas preguntas y disensos constructivos.
En primer lugar entiendo que el capitalismo ha entrado en una fase postindustrial. Su característica, si es la de la acumulación, pero la acumulación de marcas y prototipos, es decir es una cuestión de patentes y hasta donde yo se las patentes son intangibles, salvo el papel en el que inscriben. Es decir, los objetos que interesan si son informacionales, cosa que Diego rechaza.
Los simulacros desplazan a las representaciones: el club de Barrio que Tinelli monta todas las noches me exime de comentarios, salvo el de que debería pagar algún tipo de regalía al club de la esquina de casa. Seoresss, seorassss…..
Las mismas consideraciones se pueden aplicar a la idea de propiedad intelectual y dado que son derechos o privilegios del intelecto y no del trabajo, requerirían una trabajo de comprensión diferente al propuesto.
La operación central de este capitalismo ya no es la explotación, sino la exclusión. Es decir que las operaciones simbólicas necesarias para participar del juego de lo social, para eventualmente romperlo, ya no son materiales, sino informacionales. Hay que saber de diseño y software, no de fábricas abandonadas.
El rol del Estado merece una preocupación aparte. Porque si los núcleos de concentración de capital simbólico son las empresas y el Estado (totalmente colonizado por cierto) no cuenta con herramientas para poder perforar esta lógica, de que Estado real hablamos?
También creo que debajo de las injusticias distributivas del poder existen topologías, modos primarios de configuración de las redes, mucho más duras y difíciles de mover que las que entendieron Marx y sus muchachos.
También la cuestión de la acumulación hay que tratarla con mas cuidado, porque ya no se trata tampoco de acumular, sino de hacer circular bienes, personas y objetos en su formato digital y si no es posible en carne y hueso. Hacia donde va el dinero? se pregunta Diego. Pues en el nuevo capitalismo se dirige al patentamiento de prototipos, especialmente relacionables con los medios de comunicación y la farmacia.
El nuevo capitalismo es entonces una economía de la comunicación, de los flujos y por eso la importancia que se le atribuye a las plataformas, los telepuertos y las autopistas. No son mitos puros, ni ideología pura si se me permite el apresuramiento, como tampoco los “no lugares” son distinciones menores.
Creo que en el fondo la posición que sostengo es mucho más cruda y deja menos margen de maniobra. No solo hablamos de economía, hablamos de una economía a distancia, no solo de estados naciones en bancarrota, hablamos de desterritorialización.
Que tiene que ver esto con tecnofilia o mano invisible está por verse.
En definitiva, si rompemos la burbuja ubamarxista se nos aparece un escenario mucho mas rocoso y desértico: por un lado las ideologías son convertidas en parte del espectáculo, al tiempo que descubrimos que, del otro lado lógico matemático del problema, fuerzas mucho mas poderosas que la tensión burguesía proletariado atenazan un modo de vida que, poco a poco, se hace completamente tecnológico.
(Lamentablemente la cantidad de spam y la incapacidad de encontrar alguien que resuelva el problema me impide aceptar comentarios por ahora, excepto por email.)

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