Curiosidades – Celebridades del mundo animal
Langostas excomulgadas, perros sabios, pulgas amaestradas, ovejas condenadas por inmorales. Bestiario de criaturas insólitas
Por Mónica López Ocón
Revista Noticias
Los animales no siempre ocuparon en la sociedad el lugar que ocupan hoy. En la Edad Media se los consideraba seres sujetos al mismo Derecho que juzgaba a los humanos. “Siempre se asoció a los chanchos con el pecado capital de la glotonería y Moisés prohibió la ingesta de la carne de estas bestia tan infames –sostiene Omar López Mato en “Animalitos de Dios”. Los musulmanes también los consideraron impuros, a punto tal que de sólo saber que los cartuchos del ejército inglés, en la India, tenían grasa de cerdo, indujo a una revuelta que debió ser reprimida con efusión de sangre. Por todo lo dicho, no resulta extraño que a lo largo de la historia se los acusase de cuanta desgracia e infortunio ocurriese a su alrededor.” Sin embargo, sus verdaderos problemas, es decir, los problemas jurídicos de los cerdos, comenzaron mucho después, cuando durante la Edad Media vagaban por las calles de las ciudades en busca de alimento y peleaban contra perros, gatos y vagabundos para lograr sobrevivir. Por ese entonces el hambre acechaba en cada esquina y el único manjar a disputarse era la basura. Por eso, a veces los cerdos no tenían otra opción que atacar a otros animales o incluso a seres humanos, por lo general, niños. No era raro, por lo tanto, que cada tanto un cerdo fuera condenado a muerte por la justicia y que la ejecución se llevara a cabo con toda la pompa que merecía la ocasión. Precisamente esto fue lo que le pasó a un cerdo que en la ciudad de Falaise mató a uno de sus habitantes. “El mismo vizconde de Falaise –cuenta Matos– presidió la ejecución, dando instrucciones pertinentes para ajusticiar al porcino, vestido para la ocasión. En un fresco que se conservó por años en la Iglesia de la Santísima Trinidad de esa ciudad, se ve al cerdo condenado luciendo chaleco, pantalones y guantes blancos en el momento en que el verdugo lo estrangula, mientras un sacerdote reza por el alma porcina. Dicho retablo, curioso por cierto, fue destruido durante las guerras que asolaron la región, aunque se conservan ciertas reproducciones del singular evento.”
Las anécdotas insólitas sobre cerdos no concluyen aquí. En Nantes, otro chancho homicida fue condenado a morir y a pagar por los alimentos recibidos durante su presidio, la cuerda utilizada durante la ejecución y los honorarios del verdugo que, convocado por la Justicia, viajó desde París para cumplir con su trabajo. ¿De qué modo pagó el condenado sus deudas? Lo hizo en especies: jamones y otros embutidos que se elaboraron luego de su muerte.
En 1379, ante testigos, tres cerdos mataron a un niño y luego se mezclaron sin culpa con el resto de los animales de su especie que poseía un señor feudal. El alcalde decidió condenar a todos, a unos por asesinos y a los otros por cómplices. Pero una vez calmados los ánimos, se vio que la condena indiscriminada constituía un despilfarro. “El tema fue expuesto a la consideración del poderoso Duque de Borgoña. Felipe el Temerario, que medió en la causa y ordenó a la corte contentarse con la muerte de los cerdos criminales, exonerando al resto ‘a pesar de hallarse presentes en el momento de tan horrible asesinato’”.
Un autor de libros raros. “Animalitos de Dios” desborda de anécdotas curiosas sobre animales. No todos ellos son condenados por la ley de los humanos. Muchos –caballos, elefantes, gatos y perros– son cuadrúpedos que tuvieron “vidas curiosas y sobresalientes” o atravesaron arduos “castings” y largas sesiones de adiestramiento para poder mostrar sus aptitudes frente a las tablas. Otros inspiraron a poetas o a narradores que a partir de ellos escribieron novelas, ensayos y hasta se dedicaron a elaborar teorías filosóficas.
Oftalmólogo de profesión e investigador vocacional de la historia y el arte, López Mato podría ser calificado como un autor de libros raros. Antes de “Animalitos de Dios” escribió, entre otros, dos textos en que la muerte ocupa un lugar central, “Trayectos póstumos” y “Ciudad de Ángeles”, en el que cuenta las increíbles historias que guardan los monumentos de la Recoleta. “Males de artistas”, por su parte, alude a las enfermedades que padecieron ciertos creadores y a la influencia que éstas tuvieron en su arte.
Afirma que su último libro surgió de la sugerencia de un amigo muy querido: “no sigas escribiendo libros de muertos –lo conminó– porque te va a salir una capa y te van a confundir con Bela Lugosi”.
“Yo había leído –dice Mato– un libro de un médico inglés muy poco conocido que tenía un capítulo dedicado a Jumbo, el elefante más grande del que se tenga memoria y que había nacido en Abisinia, donde lo habían atrapado unos cazadores árabes para ser vendido luego al Jardín des Plantes de París. Me llamó mucho la atención la idea y pensé que había muchos animales de los que hablar. Nuestra vida sin Lassie o sin Furia Negra no hubiera sido la misma. Fue un largo trabajo de investigación sobre animales que fueron célebres o no tanto, pero que dejaron alguna huella en nuestra vida. Todavía se usa la frase ‘es tan bueno como Lassie’. ¿Pero quién era, en verdad, Lassie? Aunque en la serie era una perra, se utilizaron sucesivos perros machos para filmarla. ¿Quién era Rintintín? Pocos saben, por ejemplo, que este nombre tan extraño a nuestra idiosincrasia viene del francés y que se usaba para denominar a unas marionetas infantiles que los chicos franceses les regalaban a los soldados americanos durante la Primera Guerra Mundial. Un soldado americano encontró un cachorro entre las ruinas de una ciudad francesa, lo bautizó con el nombre de la marioneta y se lo llevó a los Estados Unidos. Como el perro era tan inteligente y aprendía tantas cosas, decidió presentarlo en el mundo del espectáculo y finalmente logró que lo aceptaran. De la perra Laika que llegó al espacio, por ejemplo, nunca se dice que murió por un error de construcción de la cápsula que hizo que se prendiera fuego. En su momento, esto generó la protesta de muchas instituciones destinadas a la protección de animales. De Mister Ed, el caballo que hablaba, por ejemplo, se decía que a veces, cuando no cumplía con las exigencias del libreto, era reemplazado por una cebra pintada del zoológico cercano. Lo cierto es que en dos capítulos de esta serie el caballo aparece pintado como una cebra. El rumor se había convertido en un chiste interno de los productores de la serie. Cuanto más retrocede uno en el tiempo, más curiosas son las historias de animales.”
Según afirma, la historia que más le gusta del libro es la de Toby, el chanchito sabiondo. En 1782, Samuel Bisset integró a su troupe de gatos artistas que era la atracción de Londres un chanchito que compró por diez peniques. Al cabo de dieciséis meses ya era una estrella. Sumaba, restaba, deletreaba palabras usando cartillas, distinguía a las personas casadas de las solteras y llevaba a cabo muchas otras proezas. En 1785 los diarios de Londres lo presentaban como “El chancho profeta, el filósofo gruñón que hará las delicias del distinguido público, demostrando su sabiduría adquirida en el sacrificado estudio de los clásicos…” La publicidad del periódico mostraba un dibujo de Toby junto a textos de Plutarco, Aristóteles y otros sabios. Samuel Johnson proclamó ante sus espectáculos que “los cerdos pertenecen a una raza injustamente vituperada ya que nadie invierte en su educación y suelen convertirse en chuletas antes del año.” Toby no fue una excepción. Tuvo una muerte ignominiosa que lo convirtió en jamón. Pero el poeta Thomas Hood lo inmortalizó en un epitafio en el que el chanchito se lamentaba del poder devastador de la muerte. “En mi vida jamás he sido lelo,/pero partiré como tocino al cielo.” Erasmus Darwin, el abuelo de Charles Darwin, publicó en 1796 “Zoomanía” en donde sostiene que los chanchos liberados de sus chiqueros y, por lo tanto, de la muerte temprana que los convierte en embutidos, podrían desarrollar su intelecto y llevar vidas muy interesantes.
El circo más pequeño. “No sea escéptico. Ver es creer. No deje de visitar el circo Flea, dirigido por el profesor William Fricke´s, el único espectáculo en su género en el mundo.” El anuncio correspondía nada menos que a un circo de pulgas, un espectáculo que, según parece, en su momento gozó de gran popularidad. Según López Mato, el primer domador de ácaros de la historia fue Mark Scaliot, un herrero que en 1578 exhibió una pulga encadenada. “El libro de las pulgas” de Luigi Bertolotto es algo así como la Biblia de los amaestradores de ácaros y en sus páginas registra diversas proezas de estos curiosos mini héroes: pulgas que se baten a duelo, que encarnan grandes personajes de la Historia, que se desplazaban en carruajes o que dan vueltas en pequeñas calesitas. El libro de Bertolotto despertó tanta curiosidad que a lo largo del siglo XIX una serie de maestros se volcaron al difícil arte de amaestrar los ejemplares que hoy combatimos en nuestra mascotas. En “Arkadian” Orson Welles filmó una escena de un amestrador de pulgas. “Estas sufridas artistas –se lamenta López Mato– sólo se conformaban con escasos glóbulos rojos y un poco de calor. Pero hoy sólo se las recuerda por las ronchas que dejan a su paso.”
http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=427&ed=1589

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