Palabras
“No hay mal que por bien no venga.” Mi refrán favorito revela que somos capaces de extraer significado y propósito incluso de los acontecimientos más terribles, aunque a veces necesitamos tiempo para ello. Los problemas nos brindan nuevas posibilidades de ser y estar en el mundo, nuevos objetos de amor. Esto no equivale a exaltar el dolor, sino su reconocimiento como gran maestro de la vida, como una fuerza capaz de movilizar nuestras energías y abrirnos a nuevas posibilidades de existencia.
La percepción del dolor ha sido necesaria para nuestra autoconservación. Si no sintiéramos dolor, nos heriríamos sin sentido. El dolor del hambre nos mueve a buscar alimento, el dolor del aburrimiento nos mueve a ocupar nuestro tiempo. El dolor y los problemas son estímulos para muchos de nuestros actos. ¿Por qué ocurre esto? Básicamente porque el dolor surge de la parte que aún no ha sido dañada y nos brinda la oportunidad de recomponer el todo.
En síntesis, los problemas nos brindan algunas oportunidades: la de volvernos más sensibles, la de aprender en el sufrimiento y el error, la de acercarnos a los demás, la de ganar humildad y sentido de justicia, la de abrirnos a nuevas posibilidades de vida, la de ser virtuosos aceptando con coraje y tenacidad las circunstancias adversas. La de entrenarnos en lo que necesariamente habrá de
ocurrir en nuestras vidas, la de huir del tedio, la de convertirnos en médico de los demás y comprender el infortunio de los otros.
Roxana Kreimer es licenciada en Filosofía y doctora en Sociología, egresada de la UBA. Además, es una de las introductoras de los Cafés filosóficos, una forma de espacio de debate inaugurada en París en 1992. Publicamos un fragmento de su libro Artes del buen vivir. Filosofía para la vida cotidiana.
Tomado de: http://www.lanacion.com.ar/895637

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