Interlink Headline News nº 4433 del miércoles 21 de marzo de 2007
EDITORIAL CONVERSANDO CON FABIO TROPEA Primera Partte de Dos. Post original

En el marco de la primera reunión internacional sobre educación en los medios celebrada en Arabia Saudita entre los días 4 y 7 de marzo, organizada por el Ministerio de Educación de ese país, Alejandro Piscitelli conversó con Fabio Tropea, uno de los veinte conferencistas occidentales que junto con él se congregaron en ese país para intercambiar miradas y culturas ante un grupo de 400 mujeres y 200 hombres.
En Arabia Saudita conviven una gran desconfianza hacia internet y un importante uso de la red y los teléfonos móviles por gran parte de la población. Allí coexisten una tensión entre la voluntad de cambio y un temor profundo al carácter diezmador de los valores y de la cohesión social que se presume constitutivo de los medios.
En esta entrevista ambos especialistas se internan más allá de la ecología de los medios y las nuevas tecnologías y reflexionan sobre lo difícil que es poner en concordancia y estrechar los lazos entre culturas tan distintas y con lecturas y valoraciones de la realidad (y del rol de los medios para construir esa realidad) tan diferentes entre sí.
—¿Qué es lo que quería comunicarles a sus interlocutores árabes con su ponencia “Interculturality Media”, presentada en el reciente Congreso sobre Media Education llevado a cabo en Riyahd?
—Yo quería ir un poco más acá del problema superficial de la recepción de las nuevas tecnologías. Quería hablar de dos cosas: de la relación con el otro y de cómo los medios influyen sobre esas relaciones. Y utilicé una metáfora de los enemigos de la comunicación porque pensé que iba a ser una metáfora provechosa para ellos. Aunque no la utilicé al pie de la letra porque sabía que había riesgos de que la tomaran demasiado literalmente, como ocurrió casi al final de mi exposición cuando hablé de una de las últimas metáforas: el virus. Esta metáfora fue vista como una idea de la que realmente hay que defenderse, hasta con medicinas.
—¿Qué otras metáforas usó?
—Utilicé la idea de una evolución de los enemigos de la comunidad, en la que en una época clásica o tradicional, de aldea, el enemigo era el lobo, una fase que ha durado una eternidad en la historia de la comunicación. Luego, con la transformación de la aldea en ciudad, los enemigos de la comunicación se meten dentro del propio tejido urbano. Después deviene una etapa más evolucionada –tanto en miniaturización como en localización, como topología– para la que utilicé la metáfora de la cucaracha, que no sólo está dentro de la ciudad sino que entra en los propios hogares. Y, finalmente, la última fase, la más evolucionada de todas, que es aquella en la que los medios de comunicación entran en el propio cuerpo y crean un cortocircuito, crean el aislamiento total y la imposibilidad de defenderse, porque ya están dentro de uno mismo.
—Después de haber estado cuatro días, en Arabia Saudita, y de haber escuchado innumerables conferencias en sesiones que duraban 12 o 13 horas cada día, ¿por qué cree que fue tan fuerte el shock que le produjo a la población árabe la metáfora del virus?
—Porque efectivamente se trata de lo que para ellos es la comunicación en este momento. Para ellos, la comunicación hoy es un virus que viene de afuera y del cual hay que defenderse; y la defensa es, según creo, la razón primaria por la que han organizado este evento.
Pero esto no significa que no haya una parte de la población realmente interesada en el uso técnico de las tecnologías. Hay un doble juego, uno que rechaza, niega, quiere defenderse, y otro que quiere conocer, quiere saber para poder utilizarlo dentro de su sistema ideológico, aunque no cambiando nada de lo que es su ideología.
— Hace muchos años una investigadora brasileña, Ana María Fadul, que estuvo viviendo primero en Italia y luego en Alemania Oriental, decía: “Gracias a la televisión occidental se derrumbó el Muro”, una observación algo determinista. En estos días en que Ud. estuvo en Arabia, donde se pudo observar la importancia y el uso que la población hace de internet, de los teléfonos móviles, y donde también hay numerosos satélites que irradian televisión internacional, ¿cree que se podría decir algo parecido, que estas nuevas tecnologías pueden erosionar los valores profundos propios de la cultura árabe?
—Aquí se trata de un muro que está conformado no por una pantalla sino por la ausencia de una pantalla, y entonces la aparición de esta nueva pantalla del teléfono móvil, que es personalizada, que no aparece en otro lugar que no sea el propio cuerpo de uno mismo, creo que va a ser un elemento de distorsión muy fuerte porque permitirá un intercambio de imágenes constante y una tentación (como bien la definen ellos) que puede, si no erosionar los valores, crear con el tiempo las condiciones para que se derrumben.

Bienvenido a 

Comentarios
Añade tu opinión
Registrarse para comentar