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Interlink Headline News nº 4431 del lunes 19 de marzo de 2007

EL FIN DE LA CLASE MEDIA. ENESIMA DEMOSTRACION DE QUE NO VEMOS QUE NO VEMOS Segunda Parte de Tres

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Maduración conceptual y estrategia interpretativa

Asi como una tecnología no emerge de la nada (el ejemplo mas fantástico es la propia Internet) sino que necesita décadas de maduración, lo mismo pasa con conceptos estratégicos como este de “fin de la clase media”. Entre sus antecedentes llamativos, aparte del ya citado de Neal H. Rosenthal habemos Bye bye middle class, un ensayo de Rudi Dornbusch, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en el que preveía la inminente desaparición del “big government” (”gran gobierno”) (la tendencia de muchos gobiernos a incluir en la esfera pública la mayoría de los servicios dados a los ciudadanos y también una porción considerable de las actividades productivas), del welfare state (estado del bienestar) y de la propia “clase media, acostumbrada a la comodidad, por no decir a la pereza”.

Mas alla de su mordacidad el conocido economista fallecido en 2002 azuzaba a los políticos a prepararse para los tiempos difíciles, en los que la competencia entre sistemas y empresas, las privatizaciones y la globalización, además de algunas innegables ventajas económicas, producirían también graves problemas sociales, empezando, precisamente, por una reducción de las rentas del trabajador no especializado y a través de una serie de vasos comunicantes llevarían, especialmente en el caso de Europa, pero tambien de países como la Argentina a la perdida de su “constituency” (”los electores potenciales “) de referencia.

Cuando la filosofía del consumo de bajo coste llegue inevitablemente a la esfera pública

Como bien nuestran los italianos Massimo Gaggi subdirector del “Corriere della Sera” y Edoardo Narduzziy ensayista y empresario en el sector de la alta tecnología, en el libro que nos sirve de guía en esta excursión memética, mientras que ningún político local parece estar prestándole la mas mínima atención, la filosofía del consumo de bajo coste, en definitiva, llegará inevitablemente a la esfera pública: lo que significa que quien gobierna el Estado deberá repensar la oferta pública teniendo en cuenta la menor disponibilidad de la clase de la masa para mantener la carga de su financiación. En otras palabras, tendrá que emerger la capacidad de dar vida a un verdadero y propio bienestar de bajo coste.

Mientras durante una década nos llenamos la boca ante las supuestas maravillas brindadas por la aparición de una economía de lo inmaterial, la taxonomía evolucionista que mencionamos anteayer de boca de Antonella Broglia (un camino que partió de la edad de la información, pasando por la economía del conocimiento, el permission marketing, la experience economy y la attention economy, hasta llegar a la neonata fase en la que estamos hoy de la economía de la atracción) tiene un costo enorme que muy pocos imaginaron que estaríamos en condición de detectar y mucho menos de pagar.

Las producciones materiales del siglo pasado se centraron en las potencialidades de consumo de la clase media: el automóvil, los primeros fármacos, los electrodomésticos, la construcción residencial, el mundo editorial, la computadora; y a través de todo esto en acaparar todo el universo de productos que han acompañado el aumento del bienestar de los consumidores.

Obsolescencia de la clase media contrarrevolucionaria

El matrimonio era perfecto: la industria concebía nuevos productos capaces de satisfacer necesidades a veces reales, a veces solamente latentes, y los presentaba a la voracidad de la clase media, preparada para representar el propio papel de consumidor obediente y poco selectivo. Así las empresas crecían y con ellas también la potencialidad de adquisición de la clase media.

Este sistema funciono mientras el escenario de acción e interacción permaneció restringido al ámbito nacional o poco más. Cuando algunos aspectos de esta ecuación estallan o se ponen en entredicho en cuanto a su utilidad “superior”, entonces también la clase media está obligada a encarar lo nuevo que avanza. Y en este caso lo nuevo ha avanzado con dos máscaras: la del triunfo de la economía de mercado y la del capitalismo sin fronteras.

Pero un mercado transformado en ideología dominante no necesita de una clase contrarrevolucionaria que lo defienda, que tutele los intereses que manifiesta. Y en una economía que ya no es nacional sino globalizada la clase media deja de ser el de centro de intereses homogéneos en las democracias electivas posindustriales y tampoco mantiene un nivel óptimo de demanda adicional de bienes de consumo duraderos, necesario para que la industria alcance economías de escala y genere valores; en definitiva, para ganar consenso.

Los nuevos capitalistas

Gurúes republicanos del libre comercio como Clyde Prestowitz en Best sellers ad hoc como Three Billion New Capitalists: The Great Shift of Wealth and Power to the East insisten en la aparición de media población mundial formada por nuevos consumidores gestados en China, Rusia e India arropados por la anulación del tiempo gracias a Internet y a la anulacion del espacio gracias a la mensajería aérea de bajo coste -desde Federal Express a DHL-, que ha “anulado el espacio”.

Con China como tambor batiente y el modelo del ciudadano sustituido por el consumidor del futuro, el concepto mismo clase media se pone en entredicho porque tanto en China como India lo que vemos emerger no son nuevos ciudadanos sino nuevos consumidores strictu sensu.

La aspiración china es la de aprovechar las potencias del mercado para dar vida a una verdadera sociedad de masa con una conciencia nacional y patriótica, pero no de clase, a la que se le garantizan posibilidades de consumo cada vez mayores.

Como dicen lapidariamente los autores. De esta manera se afirma el cambio indispensable para llevar a China más allá del comunismo, pero sin deslegitimar al gobierno centralizado de una elite al servicio de los intereses comunes del país: se amplía el espacio de las libertades de elección de consumo dentro de un cuadro político paternalista (y con otro corte que Emmannuel Todd nos ayudara a precisar algo parecido esta sucediendo en el mundo árabe).

Marzo venia temblequeando. El aterrizaje del viaje ideal no soportó las enradecidas aguas y aires del mundo real. El resultado fue una involución no querida. Bye hasta mañana AP.

En: Editoriales — Marzo 19, 2007

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