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Interlink Headline News nº 4415 del sábado 3 de marzo de 2007

EDITORIAL DIFICIL, SI, IMPOSIBLE NO. COMPLEJO SI, ABSURDO NO. DISCUTIBLE SI DEFENDIBLE TAMBIEN. Primera Parte de Dos

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De como la arquitectura es la política de la red

Como bien nos enseñó hace ya casi una década Lawrence Lessig la arquitectura es la política de la red. Mientras que tradicionalmente suponíamos que lo que politizaba un medio eran, ya sea la ideología de sus productores (desde el dueño hasta el redactor mas raso), la agenda de temas tratados -íntimamente asociados a los anteriores- y muy particularmente el sesgo de sus contenidos, en Internet las cosas nunca funcionaron ceteris paribus.

Y no porque ninguna de estas dimensiones esté ausente de sus instituciones o agenciamientos. Porque en Internet no hay un dueño de un sitio que determine por si solo la ideología del mismo, dados los múltiples canales colaborativos, dada la interferencia cada vez mas grande de los editores distribuidos, dada la infinita proliferación de nuevos sitios. Todo esto -igual y potenciado respecto de los medios tradicionales está en la red.

A lo que Lessig apuntaba era mas bien a un hecho mucho mas sutil y en definitiva determinante y determinado por su casi invisibilidad (aunque el fue quien mejor descajanegrizó -hablando en términos de Latour- el tema y lo sometió al escrutinio y a la agenda publica). A saber que lo que determina la política de la red es una infraestructura desconocida en el mundo analógico, cual es el código.

El código como poder de policía

En el mundo real lo que predomina son las leyes, las reglas de conducta, los mercados e incidentalmente la arquitectura. En el virtual se da vuelta la pirámide y aunque todo lo demás importa en gran medida, es el código lo que tiene fuerza de policía sin igual en el ciberespacio. Se trata de los programas, las posibilidades o imposibilidades que determinan las lineas (ideológicas) de programación y lo hacen posible o impiden descaradamente.

Estos temas los hemos visto en otras oportunidades, forman parte de nuestro programa consolidado de la cátedra de datos, la semana pasada fue comentado en general mal y pronto por los alumnos que rindieron su examen, pero ya forman parte de nuestro acervo y a los remitimos (aquí la segunda versión del libro de Lessig)

Si hoy nos resuena Lessig es porque la mayoría de las cosas que el predica acerca de la red se aplican pari passu a los proyectos tecnopedagógicos en las aulas. Y en particular a sus críticas.

De las que hemos escuchado en los últimos meses a la iniciativa OLPC de Negroponte de incluir una maquina por chico en cada aula de nuestros países, quizás la mas interesante es la que ha pronunciado estos días Diego Levis en Tocar y usar la laptop: ¡Qué lindo sería poder creer!.

Los riesgos de alterar el espacio áulico… y porque vale la pena correrlos

En efecto este estudioso desde hace 13 años de estos metiers insiste en los riesgos que supone una destrucción del espacio áulico mediante el ingreso masivo de máquinas sin tener previamente experiencias controladas, -como quieren hacer en Chile por ejemplo- documentadas y probadas, de que su incorporación no será deletérea en dos sentidos.

Primero porque una inversión de estas características que ronda para el primer millón de chicos en cerca de 150 millones de dólares de inversión directa y de una cifra aun no determinada de costos asociados, podría convertirse en un fiasco mas de los que la ambición política y la propaganda gubernamental podrían infligirle a la sociedad. Y encima en año electoral y con una probable transición de una administración a otra, que aunque probablemente del mismo color político, no pueda asegurar plenamente la continuidad del proyecto.

Aunque el tema de la economía del proyecto OLPC merezca detalladas consideraciones y de hecho alguno vivillo terminó sosteniendo que el costo real de la máquina era del orden de 1.000 dólares por unidad para un período de 5 años -con calculistas así mi patrimonio podría disminuir de un día al otro por razones de magia, aunque ni con eesta seguramente aumente- merece una consideración aparte.

Economía de la educación vs innovación educativa

Si vamos a cuestionar al proyecto por su costo deberíamos entrar en una familia de temas que pasan por cuánto dinero gasta el estado (nacional y provincial) por chico por año en útiles, cuanta ha sido la inversión en tecnología educativa en los últimos años (cerca de 1500 millones de dólares generalmente malgastados) -y que resultados, mas que pobres, se han logrado en este tiempo, como se compara este proyecto con otros que plantean introducir desde una desktop por chico, en algunos caso reciclada hasta mas laboratorios, máquinas 1 a 1 pero propietarias, etc. etc..

También habría que comparar la economía del proyecto con experiencias realizadas en otros lados, desde Israel y Australia, hasta Maine y el proyecto APCOT de Apple. Y nos enzarzaríamos en tecnicismos y discusiones bastante bizantinas, que mejor dejémoselas a los economistas de la educación, aunque seguramente pronto las retomaremos.

El segundo aspecto de la critica de Levis es mucho mas interesante porque apunta a la matriz cultural de los argentinos. Nadie puede olvidarse de la supuestamente apenada e hipercinica confesión del Dr. José Martinez de Hoz en 1981 cuando su tablita cambiaria -después de haber destruido a la industria argentina y de habernos condenado a tener hoy el mismo PBI per capita de 1973- de que su modelo hubiese funcionado en Corea, pero que lamentablemente los argentinos no éramos coreanos.

¿Porqué aquí no podemos?

En varias criticas que hemos escuchado últimamente -y la de Diego Levis encastra aquí como anillo al dedo- se insiste en que el proyecto puede ser bueno, quizás la máquina es un chiche, probablemente sea accesible su precio, mas todavía en el mediano plazo, pero que el proyecto fracasará en la Argentina.. debido al el factor humano.

Ya sea porque quienes lo queremos implementar no estamos en condiciones de asegurar sus múltiples relais y no seremos capaces de prever sus incertidumbres y mucho menos desmontarlas. Ya sea porque el enrarecido entorno político privilegiará siempre la dádiva y el clientelismo y no esta realmente interesado en la calidad educativa (ver al respecto la critica de Mariano Naradowsky a esta noción por su polisemia e instrumentalidad en el diario Clarin). Ya sea porque los docentes argentinos no están preparados para absorber esta terapia de choque que supone un proyecto de estas características.

Este ultimo punto me parece el esencial. Los docentes no están preparados para… esto, ni para lo otro. Diego es un poco mas preciso sosteniendo la duda de “si nuestra sociedad está preparada para una revisión tan importante del paradigma educativo basado fundamentalmente en la transmisión de conocimientos y en el trabajo individual de cada estudiante”.

Fue tan fugaz que seguramente dentro de un rato me parecerá un sueño. Entre el avión que llegó 3 horas tarde y un control migratorio fascista que sacó a mas de 50 latinoamericanos de la fila augurando su deportación, mi llegada a Barcelona se retraso indefinidamente.

Al punto tal que a riesgo de ver interrumpido mi ritual de darme una vuelta por la FNAC y comer mi consabido bocadillo de pernil en el café Zurich, tuve que andar a salto de matas. Pero lo conseguí y mientras manducaba ese pan siempre fresco a no importa que hora de la tarde, untado en un tomate delicioso y un jamon crudo que no tiene que envidiarle nada al jabugo, hojeaba unas lineas del ultimo libro de conversaciones de Eduardo Punset Cara a cara con la vida, la mente y el universo.

En: Editoriales — Marzo 3, 2007

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  1. Agradezco los elogios de Alejandro a mis primeras impresiones y reflexiones acerca del proyecto OLPC.

    Toda cita es un recorte y todo recorte muestra de forma parcial el conjunto. En algunas de las comentarios de Alejandro acerca de mis dichos encuentro un sentido que no es el que tienen mis palabras, al menos no es el que yo deseaba darles (cuando escribimos no siempre expresamos bien lo que pensamos) De todos modos, Alejandro ha tenido la gentileza de incluir el enlace a mi texto, con lo cual quien le interese conocer en su integridad lo que escribí puede hacerlo fácilmente.
    Una única aclaración, mi observación acerca de la dificultad de cambiar el paradigma educativo (transmisión de conocimientos y trabajo individual) no se refiere sólo a la Argentina sino a la sociedad contemporánea (postindutrial, de la información, o como prefieran denominarlas):
    Alejandro buena estancia en Barcelona y en Arabia Saudí. Dale un abrazo de mi parte a José Manuel P.T.

    Diego Levis - Marzo 5, 2007 @1:37 pm

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