Humor porteño - Vosotros trucháis
Rigurosamente incierto
El filólogo de barricada Transgénico Peribáñez aguarda impaciente que la Real Academia Española apruebe su propuesta, la de incorporar el verbo transitivo truchar en la próxima edición de su prestigioso diccionario. ¿Por qué? “Porque es el verbo que mejor identifica la naturaleza y la idiosincrasia del país de los argentinos, ubicado entre los quince primeros del mundo que más adulteran y falsifican productos de marcas internacionales”, responde. El dato proviene de una encuesta realizada por la consultora porteña Ipsos-Mora y Araujo, a pedido de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Hasta ahora, el mataburros oficial admite que el sustantivo trucha nombra a un pez de agua dulce, pariente del salmón, y reconoce que el lunfardo rioplatense le regala una simpática acepción: trucha es también la cara de una persona.
“Resulta incomprensible –rezonga Peribáñez– que la Real Academia haya aceptado la palabra truchimán para definir al sujeto astuto e inescrupuloso, e hiciera lo propio con el argentinismo trucho, un adjetivo, para mencionar a todo asunto fraudulento, y no haya autorizado todavía el verbo truchar, una omisión lamentable y capciosa.” El académico Garcilaso Toronjillos y Pidal ve el reclamo con buenos ojos: “Tan cierto como que el verbo truchar goza en la Argentina de formidable arraigo, es que si lo incorporamos a nuestra lengua rendiremos, de paso, un merecido homenaje al compositor austríaco Franz Schubert, autor de un quinteto para piano y cuerdas, en realidad inspirado en una cumbia caribeña para bongó y pandereta y por eso bautizado La trucha”.
En la Argentina hay enormes talleres que truchan desde licores hasta zapatillas; hay laboratorios que plagian específicos medicinales; hay perfumerías que venden suntuosas esencias aromáticas que no fueron destiladas en París, como rezan sus etiquetas, sino ahí nomás, en un galpón arrabalero. A las puertas de Buenos Aires, en un paraje denominado La Salada, sólo una de las ferias consagradas al expendio de mercancía apócrifa, atiende a 20.000 clientes por día, recauda 9 millones de dólares por semana y da trabajo a 6000 personas, según informó el suplemento Comercio Exterior de este diario. ¿Cómo dudar de que el trucherío vernáculo constituye un verdadero exponente de prosperidad industrial y comercial, un rasgo típico de la cultura argentina?
Argumenta Peribáñez: “Si la Real Academia dio sitio en su diccionario a un argentinismo soez que empieza con “bo” y termina con “udo”, no debería ignorar, ¡recórcholis!, a una familia de voces tan íntimamente consustanciada con la posmodernidad chanta que nos toca vivir”.
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
Tomado de:
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=888160

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