Para memoriosos
El planeta Tierra gira sobre su eje a unos 1670 kilómetros por hora (a la altura del ecuador) y viaja en el espacio, alrededor del Sol, a casi 108.000 kilómetros por hora.
Por Norberto Firpo
Pero como esta velocidad no es constante y tiende a decrecer, el siglo XXI ha de ser diez segundos más corto que el siglo I. Cada siglo es medio segundo más breve que el anterior, dice el norteamericano David Ewing Duncan, experto en la medición del tiempo, en su libro Historia del calendario (Emecé, 1999), que reúne datos tan curiosos como éstos: la más antigua fecha que puede determinarse con relativa precisión es la del año 4236 antes de Cristo, el de la puesta en funcionamiento del calendario egipcio. Julio César le agregó ochenta días al año 45 antes de Cristo cuando dispuso que entrara en vigencia un nuevo calendario romano, más conocido como juliano y por entonces pretendidamente ajustado a la realidad astronómica. En 1582, idéntico propósito llevó al papa Gregorio XIII a suprimirle diez días, habida cuenta de que los progresos de la astronomía exigían otro retoque, “sin embargo insuficiente”, destaca Duncan: el calendario gregoriano adelanta 26 segundos anuales respecto del verdadero año solar. Así, tal diferencia suma ya casi tres horas –de 1582 a hoy– y será de un día entero en el año 4909.
Debieron pasar 118 años para que el calendario gregoriano fuese aceptado por otras iglesias (la protestante, por ejemplo). Gran Bretaña lo adoptó en 1752; Japón, en 1873; China, en 1949… En Naciones Unidas se analizaron varios proyectos destinados a establecer un calendario universal. En 1961, uno de ellos estipulaba que cada año y cada trimestre empezaran en domingo, pero fue archivado porque dejaba varios días vacantes, que no pertenecían a ningún mes. En vísperas del Año Nuevo parecen oportunos estos interrogantes: ¿por qué razón existen los años bisiestos, con 29 días en febrero? ¿Existió un año cero de la era cristiana?

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