Interlink Headline News 5529 del Domingo 21 de Marzo de 2010
EDITORIAL DE LA GANDHI A BERNARD, CRUZANDO EL OCEANO PARA VOLVERNOS LUNATICOS. EL RIESGO DE PISAR LA LUNA Primera Parte de Dos o Tres
Cuando estaba terminando la escuela primaria quería ser astronauta. Deseo inusitado para alguien como yo que nunca se jactó de intrepidez ni de amor a lo desconocido, ni mucho menos exhibió pasión por los deportes de alto riesgo o ante cualquier cosa que supusiera una aceleración entusiasmante de la adrenalina, o un apego por las emociones violentas o la embriaguez de sorpresas que nos dejan sin aliento, levando el cuepro al extremno como hce el superatleta Josef Ajram en ¿Dónde está el límite?.
Y aunque nunca me compró un telescopio, como si lo hizo Pepe de la Peña el año pasado, ni tampoco me tiré jamás en paracaídas, y mucho menos se me ocurrió juntar 20 millones de dólares para jugar a la ingravidez, como si hicieron los primeros turistas espaciales de vuelos suborbitales, había algo en eso del viaje a la Luna que siempre me encandiló.
Tal vez porque se trató de la culminación de una era prodigiosa, junto con la de los años 20 la mas creativa que haya visto el siglo XX. Quizás porque la ciencia-ficción siempre me atrapó y me ví todas las películas espaciales que tuvieron a astronautas o enlatados con oxigeno incluido, como protagonistas, quizás porque la imagen de la tierra tomada desde la luna por alguno de los 12 lunáticos, que tapizoó una tapa de The Whole Earth Catalogue, me impactó muy indeleblemente, lo cierto es que que pasaron las décadas, y siempre me quede fijado en ese instante, que yo viví nada casualmente en Barcelona en Julio de 1969 en que el Neil Armstrong, el chico que vivía al lado de la casa de los Gorsky, dejó su impronta para siempre y durante 4 años la humanidad enloqueció y creyó que todo era posible.
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